Al igual que el día anterior nos levantamos a las 7 de la mañana, tras casi 10 horas de sueño, la salida a miccionar matinal era lo primero del día, y allí estaba de nuevo el gran Pic de Ramoung inluminado por los mismos rayos que nos levantaron del letargo.
Esta vez desayunamos con algo de nostalgia, teníamos que abandonar el lugar donde habíamos vivido durante un par de días, pero la alegría de llegar abajo a la vida consumista nos podía bastante más, esos cafés, huevos fritos, ducha, ropa limpia.. en fin la verdad que teníamos ganas de bajar. Tras guardar todo en las grandes mochilas y observar con alegría cómo estas habían perdido algún kilo al igual que nosotros nos pusimos en marcha, echando el cierre con cuidado y dejando atrás entre esos pinos negros el precioso refugio de anchas paredes, -"volveremos"-.
Para descender en lugar de volver por el itinerario al que habíamos llegado allí, decidimos descubrir una nueva zona y perder altura por una senda que descendía entre lagos pequeños conocidos como los "laquettes", ya le habíamos cogido gusto a las raquetas y como habíamos subido con ellas, íbamos a bajar con ellas también.
Pasamos junto a la presa del Lago de Aubert y pronto descendimos al torrente del desagüe de la misma para entre pinos negros descender en slalon raquetero hasta llegar al primero de los lagos. No nos fiamos mucho y por ello en lugar de cruzarlo por medio, lo bordeamos a un par de metros del borde siguiendo la línea de costa como patrulla en gibraltar. Pronto comenzaron a aparecer en nuestro objetivo las fotos ganadoras con el lago helado y el pico y la arista del Ramoung de fondo,, aquello era una maravilla.
El segundo de los lagos ya lo cruzamos por la mitad, dicha llanura blanca sin una mota, ni piedra que la ensuciara merecía ser trazada por la mitad (me imagino que la misma sensación del típico esquiador que hace el primer descenso del día de la pista negra más guapa de la macro estación de esquí), además los únicos que se alertaban de nuestra presencia eran los pinos que desde lejos bordeaban toda la hoya del pequeño lago, bueno y algún pico picapinos que no dejaba de toc, toc, toquear por la espesura del bosque.
Tras el segundo lago, cruzamos uno más, unído al segundo y tras éste, nos adentramos en un torrente bastante difuso en donde el camino había que inventárselo uno poco, fuimos perdiendo altura entre más y más pinos, tratando de salir del mismo barranco pero éste se bifurcaba en varios ramales que nos impedían trazar una línea recta, así entre piedras y ramajes pudimos salir justo a una de las curvas del camino de subida de hacía dos días y continuar nuestro camino por la pista, cruzándonos con dos policias de montaña bastante majos y corpulentos, o más bien corpurápidos, por que subían.
Desde Fabien y observando la cantidad de nieve que había en los macizos franceses decidimos volver a España para realizar algo por Pineta o Viadós, eso sí pasando por el túnel de Bielsa nos enamoramos de las cascadas de hielo que estaban en su apogeo y decidimos emplear el Lunes al sol, en conocer esta famosa escuela de hielo.
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