domingo, 24 de marzo de 2013

Despoblados del Alto Gállego; Susín y Bernielle

Tras la buena paliza del sábado el domingo amanecimos en una campa de Biescas, había sonado el despertador hace tiempo pero lo apagamos y disfrutamos del apacible sueño. Serían sobre las 9 de la mañana y el sol reflejaba la chapa de la picaso.
Como un cuento de hadas el azul del cielo y el verde de los prados era más intenso que nunca, no teníamos ganas ni de desayunar en el coche a pesar de llevar desayuno, nos fuimos al mismo bar de la cena y por el camino charlamos con un lugareño que nos explicó amablemente la riada del 96 y posteriormente el lugar donde se encuentran una serie de pueblos abandonados ideal para estirar las piernas después de la pasada jornada.

Valle del Gállego con la cara Sur de la Sierra de la Partacua
Tras el desayuno nos dirigimos al pueblo de Oliván, situado a escasos kilómetros de Biescas y tras cruzarlo por sus estrechas callejas descendimos al margen del Río Oliván, allí y junto al río dejamos el coche aparcado y al sol vaciamos las mochilas para separar el material y ropas del día anterior que aún teníamos en las mochilas húmeda, todo esto en manga corta.
El lugar era ideal y en el cielo ni una nube que nos quitara ni un milímetro de rayo de sol, tras las tareas organizativas partimos con una mochila ligera por la pista hacia arriba en busca de los pueblos abandonados. Pronto cruzamos por un puente el Barranco de Oliván en donde sus aguas bajaban revueltas de las lluvias de días atrás y una barrera donde prohibía el paso a vehículos no autorizados


desde allí nos adentramos por un bonito pinar en donde los pajarillos cantaban y yo disfrutaba de un domingo de paseo como pocas veces. Nuestro primer pueblo abandonado era Susín, de él nos separaban un par de kilómetros y aunque un cartel inicial nos indicara un atroche, preferimos continuar por la pista más tranquila y en una bifurcación de pistas tomar la de la derecha en una curva cerrada que nos llevaba directos a la aldea cruzándonos con algún roble centenario por el camino.

 
El camino se va cerrando y continua por umbría mientras los robles y los matorrales de boj pueblan sus laterales, de pronto se clarea y salimos del bosque ya se ven vallas de piedra, estamos llegando al despoblado de Susín.

 
El paraje alucinante y la naturaleza se entremezcla con las edificaciones humanas de manera muy armoniosa,


Situado a un poco más de 1.000 de altitud llegamos a la Iglesia Santa Eulalia de Susín, desde lejos vemos que se trata de románico por su ábside circular y cuando llegamos y leemos el cartel nos sorprendemos ya que se trata de una iglesia del s.XI románico-mozárabe de Serrablo. Preciosa.


Entramos por las Callejas del pueblo y pronto vemos la casa de Angelines, hasta sólo hace un mes la única habitante de Susín como nos contó el abuelo en Biescas, las callejas tienen misterio, aún cuelgan candelabros con velas por algunas calles y en su casa una prenda se quedó colgada en la cuerda de tender para siempre, curiosamente hace dos años en la salida donde conocí a Juanjo que ahora me acompaña, Juan Guerra me habló de Susín y de su única habitante los últimos 20 años, de Angelines, ¿coincidencias?.

Atravesamos el despoblado y salimos a la era por un arco, desde allí vimos parte de la Sierra de la Partacua, incluso pudimos diferenciar el Peña Telera y la Punta del Capullo que bordeamos ayer.


Antes de irnos de Susín echamos el último vistazo a su iglesia encontrando algunos signos cristianos y otros no tanto en las piedras de su ábside.



Desde el despoblado tomamos el PR.-HU3, que nos llevó a una nueva pista hacia el fondo del valle, perdimos altura hacia otros dos nuevos despoblados; Berbusa y Ainielle.

 
Una pista entre pinos que nos llevó a una senda por umbría, desde la senda ya vimos el pueblo abandonado al otro lado del Río Oliván, se trataba de Berbusa


Descendimos por el húmedo sendero entre matorrales de boj y musgo hasta el propio río, en donde no encontramos paso alguno para el otro margen

 
El río Oliván descendía con buen cauce y lo curioso de todo era que al otro lado del río las marcas del PR. amarillas y blancas continuaban. Nos tuvimos que contentar con sentarnos en la orilla y meter un poco los pies en las gélidas aguas.


Hasta que el hormigueo estomacal nos avisó que ayer habíamos perdido muchas calorías y emprendimos el camino de vuelta un tramo por pista y otro por una bonita senda llena de humedad.

 
Que nos llevó en poco más de media hora al coche nuevamente.
 
Así da gusto pasar un domingo en Pirineos, descanso activo.

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