sábado, 15 de enero de 2011

PEÑA TELERA "Vía Gran Diagonal" AD 600mts.

Llevaba tiempo con ganas de hacer esta vía, unos años por la mala meteorología, otros por la falta de tiempo y algunos por la falta de compañero me habían llevado a desear dicha escalada más de lo normal y quizás más de lo que realmente es y representa. En esta ocasión los planetas se alinearon para cumplir todos los factores; compañeros que no repetíamos desde hace más de 3 años, mega anticiclón peninsular en Enero de 15 días de duración y nieve más que estable en Enero sin riesgo de aludes.
Con estas condiciones nos dirigimos volando en el nuevo vehículo de Luis hacia el Pirineo, a pesar de salir tarde de Madrid y tener algunos errores de coordinación (normales hace tanto tiempo que…), llegamos a Piedrafita de Jaca sobre las 12:30, como el pueblo es peatonal y bastante pequeño, dejamos el vehículo en el aparcamiento habilitado y junto al mismo y en una especie de parada de bus nos tiramos con los sacos de plumas y con -2º en el termómetro, eso sí con un cielo despejadísimo.
Tras 4 horas y media de sueño nos levantamos, activados como una bomba de relojería, mentalizados y sin dar opción ni siquiera a pensar si estábamos cansados o no, desayunamos junto al coche mientras veíamos partir en varios vehículos a más gente que alojada en el pueblo se dirigía hacia el aparcamiento de Cuniacha (lugar de inicio de la aproximación a las paredes Norte de la Sierra de Partacua), - hoy va haber más gente en la Gran Diagonal- pensamos.
Tras hacer y cargar las mochilas abajo partimos hacia arriba por la carretera hasta llegar al citado aparcamiento, donde aún de noche y con más gente por allí cambiándose dejamos el coche para iniciar la marcha. Cargados como mulas y con la idea de dejar material en las cercanías del Ibón de Piedrafita para poder pasar la noche allí, partimos desde el aparcamiento caminando por una pista que asciende levemente hacia la base de las paredes y que con tramos de hielo fino suponía el primer peligro del día. Aunque con la luna casi completa y el cielo despejado podíamos ver ya la fantástica pared del Peña Telera, tras una hora de marcha comenzó a amanecer, habíamos seguido la pista demasiado y habíamos dejado atrás el desvío hacia el Ibón, no nos importaba mucho ya que desde cualquier punto nos podíamos dirigir hacia la base de la pared. Así en una pequeña curva, abandonamos la pista y caminando entre pinos y enebros rastreros paralelos a un arroyo divisamos una zona buena para dejar el depósito de material, se trataba de una acumulación de pinos, cercanos al ibón y a otras praderas bastante llanas y limpias de nieve, allí entre las ramas bajeras depositamos los sacos, tienda, comida, ropa de recambio e iniciamos la marcha hacia el evidente cono de deyección de entrada de la Gran Diagonal.
Mientras nos aproximábamos comenzábamos a ver los famosos tonos anaranjados de las paredes del Telera típicos de los amaneceres de invierno, mientras tratábamos de esquivar las zonas con hielo que eran bastantes en las praderas anteriores a la entrada de la canal. Cruzamos un pequeño arroyo y ya comenzamos definitivamente a ascender hacia la apertura en la canal, realmente era una gran cono de deyección repleto de sedimentos y cubiertos por encima de una nieve durísima que nos obligó a tener que ponernos los crampones antes incluso de llegar a entrar en la canal. Con los crampones puestos continuamos el ascenso, pronto pudimos divisar la Gran Diagonal en toda su totalidad, su primer tramo fácil y su segundo más empinado y técnico hacia donde se dirigían por delante de nosotros unas 15 personas.
Por rampas de 40º y con cambios de tipo de nieve (en tramos venteados duro, y en zonas de acumulación blanda) nos fuimos introduciendo entre los dos farallones de roca que dan la bienvenida a dicha ascensión y comenzamos a darnos cuenta de cuál iba a ser el verdadero problema del día, no era otro que la caída de trozos de hielo y nieve dura procedentes de las numerosas cordadas que llevábamos por delante. Continuamos ascendiendo trazando pequeñas zetas y con la vista puesta más bien hacia arriba que no a los pies, así uno de esos trozos de hielo que pasaban bufando pegó un salto antes de llegar a Jose y le golpeó bajo la nariz, tras un corto –“ahiiii”-, vio que no tenía sangre y continuamos hasta salir del primer estrechamiento para llegar una zona más ancha y con menos inclinación (35 grados) donde nos paramos para ponernos los cascos y sacar los piolets. A modo de combatientes en la Guerra Civil ya con el arma entre las manos y el casco continuamos esquivando las balas que nos lanzaba la montaña, intentando no tomar las depresiones normales por donde suelen caer dichos proyectiles que no tenían zona común de caída. Tras atravesar la zona con menos pendiente nos metimos en plena canal, ésta se estrechaba hasta los apenas 4 o 5 metros y siguiendo la huella por nieve ahora blanda llegamos a la base del primer punto complicado (el primer resalte) lugar donde la cordada anterior estaba asegurando el paso. Mientras se aseguraban tuvimos el tiempo justo para descansar y tomar un poco de aliento, pronto desaparecieron por encima del primer resalte, en este primero intentamos montar una reunión en la parte derecha de la roca, pero estaba muy limpia sin mínimas fisuras, así que nos decidimos a emplear la nieve, primero con dos estacas que tras probarlas vimos que no hacían la suficiente resistencia y posteriormente como el resalte era de 3-4 metros a 70º decidimos hacer un siempre rápido y dinámico pie-piolet. Así con herramientas en mano subí por el fácil resalte y tras cruzar una pequeña campa me dirigí a un pequeño techo donde monté la segunda reunión con dos friends.
Subieron hasta allí los dos compañeros y aunque el segundo resalte estaba cerca decidimos ascender hasta él sin cuerda por rampas de unos 55 grados. Había un escape más fácil por la derecha hacia el que se dirigía bastante huella, pero como la vía es la vía, nosotros nos ceñimos a la reseña intentando realizarla con la dificultad original y sin escapes y así nos plantamos bajo el segundo resalte., este se trataba de un corto muro de 2 -3 metros a 90º, además tenía una pequeña pared a la izquierda que servía de apoyo para parte del hombro y espalda, así que voy que pruebo, a ver si montamos reunión y cuando te quieres dar cuenta estaba ya arriba. Para proteger dicho paso como no había mucha roca decidí montar en mitad del corredor sobre nieve muy dura una reunión con los dos piolets y así aseguré a mis compañeros, segundo a Jose y primero a Luis, que ya se dirigió en el siguiente largo a montar la cuarta reunión por rampas de 50º.
Nos fue recuperando Luis hasta llegar a un buen punto asegurado con un bloque, a la izquierda en la roca y bajo unos 10 metros del tercer muro, zona en donde la cordada que iba delante tenía algunos problemas en pasar. Este punto también tenía un escape por la derecha de 60º, pero como es el muro que gradúa la vía, había que pasar por él, se trataba de un bloque empotrado en forma de cueva que había que pasar por la derecha, por un muro de roca limpia de 2 metros y para llegar a él había un par de metros de nieve-hielo a 70º, en teoría el paso en roca es un IV pero había instalado un cabo de cuerda con dos gazas para mosquetonear y ayudarse para su progresión. Esperamos 15 minutos a que lo superaran la cordada de delante y sobre la reunión en roca Luis se dispuso a pasar el tercer muro, con cuidado y lentitud fue progresando hasta el muro y una vez allí ayudado por la cuerda metimos un mosquetón en la baga de apoyo y salió por encima, teniendo que hacer un tramo mixto, de utilizar las manos y coger piolets, detalle que siempre es dificultoso, así le vimos desaparecer por encima del muro hasta que nos dijo que ya estaba libre para el siguiente. Jose fue el segundo y yo el tercero en pasarlo, observando que el cabo de cuerda que había instalado quitaba bastante dificultad en el paso.
Llegamos los tres a una pequeña arista de nieve que partía el corredor y desde allí tras recoger los archiperres nos dirigimos sin cuerdas corredor arriba por rampas de unos 50º con una nieve bastante estable, pronto llegamos a la cordada de delante que subía en ensamble y que estaba formada por 4 personas, tras observar su lenta progresión decidimos subir los tres por el medio del corredor, llegando tras los tramos más continuos hasta el fabuloso mirador del Peña Telera, una apertura lateral del mismo desde donde cae a pico una ladera de nieve hasta casi el Ibón de Piedrafita. Para progresar, el corredor se veía cortado por una pequeña arista procedente de una aguja finísima y por ella unos metros ascendimos, hasta tener que hacer una travesía ascendente horizontal a izquierdas para superar la caída de la canal del mirador, era un tramo expuesto (ya que siempre cuesta más progresar en horizontal que en ascenso) pero con cuidado y siguiendo la huella ya abierta pasamos esos 20 metros y llegamos a la continuación de la canal, que por rampas de 55º y durante unos 100 metros nos depositó sin más problemas en el collado, zona donde finaliza la Gran Grandísima Diagonal.
Realizamos una parada para guardar un piolet y el material, además de comer y beber, nos asomamos para ver cómo estaba el paso horizontal, que por cierto estaba bastante repleto de nieve, aunque había huella abierta y también divisamos la propia cumbre, de la que nos separaban menos de 200 metros de desnivel. Tras la ingesta al sol, salimos por una pequeña terraza de roca a las palas descendentes de la cumbre, zona muy fácil y sin tener que descender metros para bordear el tramo rocoso fuimos progresando con los calores de la muerte por nieve más blanda, a la que el sol llevaba calentando hacía ya algunas horas. Por rampas de 30º llegamos a una antecumbre, desde donde podíamos ver tres grandísimas cornisas de la propia cumbre y donde había una buena foto, desde allí y con un corto ascenso de 10 metros a 45º llegamos a la pala de la cumbre, de la que nos separaban 100 metros de leve ascenso para llegar al propio vértice geodésico..
Bíen!!!!!!!, estábamos felices, luego dicen que lo mejor es la vía no la cumbre, pues que quieres que te diga, a mi llegar a la cumbre me supone ponerle la guinda al pastel y allí junto a algunos compañeros maños de jornada y de vía estuvimos llenando el estómago de cara a lo que nos quedaba de jornada. Las vistas alucinantes,, no tendría pantalla para poner todos los picos que se divisaban desde allí, entre otros destacaban; Pala de Ip, Colladada, Midi d,Ossau, Arriel, Pallas, Balaitous, Infiernos, Garmo Negro, Astazous, Monte Perdido, Cilindro, Marbore,etc..ah y el Moncayo rodeado de brumas.

Los compañeros maños nos hicieron la foto de cumbre y como sabíamos que la jornada iba a ser larga continuamos despidiéndonos de ellos por las palas del Noroeste, dichas palas cada vez tomaron más inclinación y además la nieve estaba durísima debido a lo venteado de la zona, llegamos a un tramo mixto donde un pequeño farallón rocoso nos dificultaba el paso, intentamos seguir la huella por el filo de la arista, pero vimos una zona un poco expuesta de descenso y aprovechando un pitón y un mosquetón metido en la roca, montamos un rápel para superar los 20 metros más inclinados.

Desde allí continuamos el descenso por nieve muy muy dura y peligrosa donde las puntas laterales de los crampones hacían de ancla a la vida para llegar a la parte más llana donde la nieve estaba bastante más blanda, bordeamos por el Sur una zona rocosa de la cumbre del Capullo, y tras un leve ascenso pasamos el pico y llegamos a un pequeño cordado que nos impedía progresar. Desde allí divisé que había dos personas montando un rápel para descender y entendí que estábamos ya cerca de la Canal de la Y, para bordear la faja de roca, descendimos por un amplio canal hacia el Sur bordeando así la zona de rocas y caminando unos metros más llegamos justo a la salida del corredor de la Y. Para asegurarnos preguntamos a los compañeros que nos cercioraron del lugar y como no llevábamos una de 60 metros sino de 50 decidimos descender unos escasos 5 metros desde la cornisa para llegar a una reunión situada a la derecha un poco más baja que la de la izquierda.


Para ello me aseguró Luis y desde allí aseguré a mis compañeros hasta la propia reunión, lugar donde tiramos hacia abajo la cuerda en doble metiéndola por un maillón abandonado que cogía múltiples cordinos abandonados. Con la incertidumbre de si iba a llegar la de 50 metros comencé a rapelar con la estaca en la mochila a mano, por si no hiciera falta para montar algo en medio del corredor, pero sobradamente y tras pasar un pequeño estrechamiento de hielo, observé a la derecha según bajaba de espaldas la famosa cueva donde está situado el punto del segundo rápel, -y aún nos sobran 8 metros de cuerda-.

Con dos líneas de rápel; una para nosotros y otra para los compañeros maños fuimos llenando la mini cueva y como ellos eran más numerosos, nos tocó a nosotros iniciar las maniobras del segundo rápel, rapel que nos depositó en una zona del corredor donde la pendiente no superaba los 40º y por donde se podía descender ya más cómodamente, a veces a 4 patas y otra simplemente canteando crampones. Así y cada vez más contentos de la larga y entretenida jornada fuimos disfrutando el descenso ya con menos pendiente recorriendo la encajada canal de la Y, dejando a la derecha la entrada de la Maria Jose Aller, posteriormente las fajas nevadas del espolón del Telera y la luna a las 17:00 con cielo azul hicieron el deleite de nuestra vuelta.


Tras salir de la canal, comenzamos a dirigirnos hacia derechas en dirección al Ibón, pasando bajo la entrada de la Gran Diagonal, ¡que corredor!, y a continuación aproximadamente por el mismo itinerario que la ida nos dirigimos por el hielo que ya estaba más blando y luego por praderas hasta los pinos donde habíamos escondido el material sobrante, hasta la cocina con los crampones puestos. Allí nos desprendimos del material y buscamos una buena pradera que no tardamos en encontrar y donde montamos la tienda, para seguidamente cenar y con un cielo lleno de estrellas acostarnos esta vez sin hora para levantarnos.

lunes, 10 de enero de 2011

Montón de Trigo

Tras los excesos de éstos días festivos organizamos una salida entre compañeros de Bajocero. Donde ir?, pues había un pequeño frente que iba a cruzar nuestra sierra y daban viento de Sur bastante fuerte. Elegimos la vertiente Norte y para inaugurar el casillero de cumbres elegimos ésta, Montón de Trigo a sabiendas que quizás nos llovería.
Así con los ponchos en la mochila, pasamos el Puerto de Navacerrada amaneciendo, con 2ºC en el termómetro del "Dos Castillas". Como vimos en el mapa, tras el kilómetro 131 había una pista que salía a izquierdas y allí aparcamos los coches para iniciar el itinerario.
Tras cambiarnos partimos por una pista asfaltada que descendía levemente entre Pinos de Valsaín, para llegar pronto al cauce del Río Eresma, desde allí la pista ascendía paralelamente por el río hasta llegar a cruzar por un puente el Arroyo del Telégrafo, y así fuimos ganando altura charlando por el pinar mientras caía alguna que otra gota de agua, procedente más bien de la niebla que de la propia lluvia.

Tras pasar el Arroyo del Telégrafo continuamos dejando el Eresma a la derecha, la pendiente comenzaba a coger un porcentaje mayor y el tiempo nos respetaba hasta que por un puente pasamos al otro margen del Arroyo Minguete, principal afluente del Eresma. Dejamos a la derecha una pista que se dirigía a la Carretera de la República y continuamos por la que llevábamos que al poco cambió de firme, siendo ahora tierra lo que pisábamos. Tras el cruce mantuvimos un poco la altura para llegar de nuevo al Arroyo Minguete que por esta zona pasaba algo crecido, para cruzarlo no nos valían algunas piedras y troncos que había en el paso principal y unos por arriba y otros más abajo lo vadeamos metiendo alguna que otra bota en el arroyo.

Tras vadear el río había varias pistas que partían del mismo, nosotros elegimos la del medio, más empinada y pisada por las máquinas de recogida de madera seguro, continuamos un poco por ella, aunque no venía ni en el mapa, ni el gps y llegamos a una nueva bifurcación. Esta vez tomamos la que nos salía a la izquierda y que ganaba mucho desnivel bruscamente a sabiendas que el camino de Lumbralejos no transcurría muy lejos, metros más arriba. Tras unos minutos de aumento de frecuencia cardiaca, llegamos al Camino de Lumbralejos, más concretamente a la Fuente de la Fuenfría donde hicimos una parada para descansar unos minutos.
Nos pusimos en marcha al poco tiempo y llegamos al Puerto de la Fuenfría, mítico lugar de Guadarrama por el que hacía algunos años que no danzaba, allí bajo uno de los pinos centenarios que lo habitan sacamos algo de comida y mientras más llovía nos parapetamos y nos preparamos con los gores para acometer la subida a Cerro Minguete, cerro curioso sobre todo para unos amigos míos, donde sus vidas dieron un giro de 180º.

Cómo pensábamos, el viento fuerte del Sur comenzaba a hacerse notar en el puerto y sin mucha dilación nos pusimos a caminar, pisando por los primeros neveros y rumbo al Oeste al Cerro Minguete. La niebla no tardó en echarse sobre nosotros, por la senda ganábamos altura en fila de a uno, esquivando los enebros rastreros y los últimos pinos situados a casi 1900 metros.




Ahora la nieve blanda, nos hacía dudar si ponernos los güetres o continuar sin ellos y siguiendo las calvas de la senda llegamos a la parte más rocosa, a sabiendas que la cumbre estaba ya ahí mismo. Así fué y en escasos minutos llegamos al acumulamiento de piedras de la cumbre en donde tan sólo había una placa de límite de Coto de Caza y un pequeño vivac.

Por un momento pensamos en hacernos una foto, pero con el molesto viento de Sur, decidimos continuar por la senda rumbo al Norte, pasando junto a algunas trincheras líneas de frente de la Guerra Civil Española.
La niebla por unos momentos nos dejó ver la ladera de Montón de Trigo, parecía no tener mucha nieve y descendimos hasta el collado para acometer la última subida del día. Desde un inicio tomamos una senda que se dirigía un poco hacia la izquierda, pero pronto entre algunos pinos nos dimos cuenta que subía hasta la cumbre una línea de hitos de piedras, que nos propusimos a seguir, ahora sí entre nieve blanda, por la que nos hundíamos un poco.


Intentamos saltar de piedra en piedra para evitar la nieve, pero casi estaba peor por lo resbaladizo de las mismas, así que abriendo huella o por momentos intentando seguir unos restos de huellas sobre nieve dura, fuimos ganando altura hasta llegar a una pequeña canal en donde el viento soplaba de lo lindo y que practicamente nos subió hasta un pequeño vivac que hay cercano a la propia cumbre, desde el vivac tan sólo nos quedaba el último tramo de ascenso por roca para llegar al hito de piedras de la cumbre, del que pasamos un poco, continuando unos metros más alla para evitar el fuerte viento. El grupo un poco alargado llegó hasta el sitio, y allí comimos algo antes de hacernos la típica foto de cumbre con los 0ºC rondando el termómetro y un viento de 50 Km/h.
Tras la foto iniciamos un descenso que en un primer momento se convirtió en problemático, debido a que ahora el viento y la lluvia de Sur nos daba de lleno en la cara y picaba bastante, en un corto descenso nos mojamos más que durante todo el día y además las rocas resbaladizas nos hicieron que algunos de nosotros diéramos con los huesos en el suelo, antes de llegar al tramo de senda, que ya nos depositó más cómodamente en el Collado entre Cerro Minguete y el Montón de Trigo. Desde el Collado en lugar de ascender nuevamente a Cerro Minguete, tomamos la senda que lo bordea por su ladera Oriental y salimos directamente a la ladera del propio Minguete pero camino del Puerto de la Fuenfría donde nos encontramos con más gente haciendo senderismo. En el puerto nos pensamos por momentos por donde descender, y conociendo el camino de ida, repetimos para aunque sólo sea volver a cruzar el Arroyo Minguete por su desbocado mini cauce.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Nevadón en Gredos

Antes de empezar las típicas cenas y festividades de este invierno, necesitábamos aire libre para llegar a dichas cenas con déficit calórico y además aprovechar para realizar nuestra particular felicitación. El lugar no podía ser muy lejano ya que disponíamos del 23 por la tarde y el 24 por la mañana, observando el tiempo había una ventana de buen tiempo justo para esas fechas así que elegimos la Sierra de Gredos como escenario y el Pico Almanzor como objetivo, aunque sabíamos que nos iba a costar abrir huella ya que daban unos 20 centímetros de nieve la tarde anterior.

Éramos 4 los componentes del grupo, Ismael, Juanjo, Dani y yo, y en dos coches nos dirigimos a Gredos el día 23 por la tarde tras salir del trabajo.
En la carretera no había mucho tráfico y pasando Talavera comenzamos a ver que el buen tiempo tardaría en llegar un poco más, ya que observábamos toda la sierra con nubarrones blancos, posados sobre los picos. A partir de Monbeltrán el termómetro del coche cayó en picado y durante la subida al Puerto del Pico comenzó a nevar, la verdad que en la vertiente Sur no había nieve, pero en la Norte la cosa cambiaba, el viento de Norte movía a su antojo los copos de nieve y en forma de oleadas iba depositando en toda la Meseta Norte una capa de nieve bastante reciente. En la Vega del Tormes ya la carretera en los sitios venteados presentaba zonas peligrosillas y con los coches fuímos con cuidado hasta llegar a Hoyos del Espino. Junto al Bar la Galana dejamos uno de los vehículos y tras informarnos de que la parte libre del refugio estaba abierta partimos con el todo terreno de Dani hacia la Plataforma. Muy despacio y con cuidado circulando por zonas en donde el manto de nieve era continuo llegamos al final de la plataforma, donde dejamos el coche en medio ya que nos podíamos maniobrar mucho.

Con los petates nos metimos en la nueva parada de autobuses de la Plataforma para cobijarnos del viento y la nieve y nos fuimos cambiando de ropa mirando de reojo el cielo, observando que el buen tiempo esperado no llegaba. Así ataviados con toda la ropa de invierno, cargados con las mochilas, con el frontal y con grados negativos comenzamos la ruta

Pronto y cuando no llevábamos más de 10 minutos abriendo huella por el camino empedrado nos dimos cuenta que el objetivo no iba a ser el Almanzor sino que podíamos estar contentos con llegar al refugio para pasar la noche. Habían caído unos 30 centímetros ya de nieve, continuaba nevando con fuerte viento y nos quedaba toda la subida, iba a ser un día interesante. Continuamos turnándonos para abrir huella y siguiendo el track del gps fuimos por el camino empedrado que no se veía por ningún lado, pero que intuíamos por las depresiones del terreno. Para echar más leña al asunto la niebla se apoderó de nosotros en el Prado de las Pozas y a ciegas siguiendo el aparato electrónico nos dirigimos hacia la nada para llegar en una hora al puente del prado. Habíamos tardado el doble de lo normal hasta el puente, así que ya supimos que hasta el refugio nos iba a suponer unas 5 horas y con tranquilidad relativa iniciamos el ascenso de los Barrerones.


Continuaba nevando, el viento como es normal en esta zona soplaba más fuerte y tan solo mirar el gps ya era una odisea, ya que se había llenado de hielo la funda, para ello tenía que descolgarlo de la mochila, abrir el velcro, sacarlo y echarle un vistazo para seguir el track y todo esto con las manoplas, ya no me acordaba de las típicas duras condiciones invernales, pero en esos momentos comencé a recordarlas. Poco a poco fuimos ganando altura por la ladera de los Barrerones, aunque no veíamos por ningún lado la senda, intentábamos ascender por las zonas más accesibles trazando zetas cercanas al itinerario normal, aunque la nieve ya nos llegaba por encima de las rodillas y la progresión era bastante penosa, llegando a turnarnos cada 10 minutos aproximadamente.
Durante unos 5 minutos no mirarmos el gps y nos desvíamos unos 50 metros hacia la izquierda metiéndonos en una pequeña depresión en donde el viento no azotaba, allí paramos por primera vez tras 2 horas y media de camino y comimos algo con la nieve por la rodilla, tras ver el track de nuevo observamos que el itinerario iba un poco más a la derecha y fuimos en su búsqueda por una zona que los piornos estaban tapados de nieve y en donde poco más teníamos que nadar por encima de ellos más que caminar. Al fin llegamos al camino normal, se notaba porque la nieve estaba algo más dura y menos acumulada eso si nunca menos de 30 centímetros, pasamos junto a la fuente de los Barrerones que dejamos de lado y continuamos en busca de la parte alta que se situaba a 2200 metros y a la que no nos quedaba mucho por llegar tras 3 horas de "caminata".
Así por fin la pendiente suavizó y seguidamente comenzamos a caminar por llano, estábamos atravesando los barrerones, en cuanto nos salíamos 1 metro del supuesto camino los piornos nos cubrían por la cintura así que era mejor andar con cuidado y llevar el gps en la mano de continuo para no irnos ni un pelo. Llegamos al cartel del mirador, allí comimos una barrita y continuamos el descenso a sabiendas que el tramo de zetas y el posterior de las canales procedentes del Morezón nos podía crear alguna complicación si nos salíamos del camino.

No paraba de nevar (nos cagamos en piqueras y en San Meteored), y con la nieve por encima de las rodillas descendimos hasta la Fuentecilla posterior, en la que tan solo se veía el pequeño caño y donde si corría agua, que dashacía la nieve fresca, cogimos agua y llenamos las botellas por si en la zona del refugio no podíamos hacerlo y continuamos hacia abajo, notando que por lo menos el manto era menor. Las zetas que pensamos que nos podían deparar alguna complicación por su inclinación no lo supusieron ya que las acortamos directamente y en la zona de las canales, siguiendo el gps al dedillo, metimos la pierna entre las rocas alguna que otra vez observando el agua que corría por debajo. Por fin pasamos las canales por la siguiente zona rocosa podíamos progresar mejor y sabíamos que nos quedaba poco para llegar a la laguna, hasta la que tardamos 4 horas y media en llegar.

Junto al borde de la laguna, se nos quitó la idea de pasarla por encima y por el itinerario lateral, en donde tuvimos que ascender leves remontes de nieve acumulada y volver a descender en varias ocasiones llegamos hasta el final de la misma, bueno o eso pensaba yo. Por el gps, era aproximadamente el lugar donde descendía el arroyo que viene de la Charca Esmeralda, podía reconocer la zona de pasar más de 10 veces antes, las mismas rocas y sin contar con la crecida de la laguna por las lluvias, pensé en cortar el arroyo para dirigirnos hacia el refugio, primeramente la nieve estaba algo dura incluso, tan solo me hundía 10 centímetros, que fueron en el siguiente paso 20 y el otro 30, 40,... Así me introducí hasta casi la cintura comenzando a sentir el agua por las botas, dándome la vuelta a toda prisa e intentando volver por donde había venido, con rápidez mis compañeros me tiraron del cuerpo hacia fuera y pude salir de la laguna. A los pocos segundos de salir, todo lo que se me había mojado de agua, se congeló y realmente en ese momento notaba humedad pero no suponía nada para poder seguir. Ahora sí por el lugar correcto bordeamos la laguna y entre la niebla apareció una visión que nunca antes había visto, !había un puente! antes de llegar al refugio,,,¿cómo?,, habían construído un puente de madera justo para atravesar el arroyo de antes de llegar al refugio, primeramente no entendí por que estaba allí, pero cuando nos volvimos a meter en el agua por los tobillos los 4 descubrimos porque estaba. No encontrábamos el lugar por donde llegar a los primeros escalones del puente, todo estaba inundado y tras dar varias vuelta el agua comenzaba a subir cuanto pisabas en la nieve, así que ya mojados nos dió un poco igual y nos volvimos a meter por los tobillos para llegar al refugio de las narices tras 5 horas y media.

Mojados y cansados como si bajáramos de hacer un 3.000 intentamos abrir la puerta de la parte libre, no había manera de hacerlo y justo antes de intentar apalancar con los piolets, descubrimos que la parte libre era la siguiente puerta, 5 metros más allá,-"si no nos damos cuenta antes tiramos el refugio abajo". Eran las 12:30 de la noche y por fin habíamos llegado al refugio de Élola, parte libre que en verano parece un cuchitril, ahora nos parecía el mejor chalet, además la temperatura no bajaba de 0º en el interior por lo que se estaba hasta cómodo. Tras cenar algo, pusimos las cosas a secar por allí colgadas y nos metimos en las mullidas plumas para pasar lanoche, sin hora en el despertador para madrugar.

Día 24 de Diciembre,,, casi fun, fun, fun.

Nos levantamos a las 9 de la mañana, no apetecía nada salir del saco pero había que hacerlo, abrimos la puerta, el día estaba despejado, había llegado por fin el añorado mini-anticiclón, con un tomo increible de nieve en el circo, tan sólo podíamos abrir la hoja de arriba de la puerta del refugio, la de abajo estaba cubierta por la nieve, hacía 8º bajo cero en la calle y sorprendentemente en el interior hacía 6 sobre cero, era algo fabuloso, incluso se habían secado las ropas, eso sí las botas no. Antes de cambiarnos de ropa nos hicimos alguna fotillo comprometida entre risas y posteriormente tranquilamente tras desayunar rehicimos las mochilas para iniciar la vuelta, ya que como nos demorásemos mucho no íbamos a llegar ni para la cena de Nochebuena.













Partimos cerca de las 11 de la mañana, por nuestra huella se caminaba fenomenal, además con la bajada de temperatura se había helado algo la nieve y no nos hundíamos tanto, además podíamos ver todo el itinerario que más se podía pedir.

Volvimos con rapidez observando donde me había metido en la laguna hasta la cintura,,vaya fallo,, y continuamos divinamente por el lateral de la laguna, al final de la misma, nos encontramos con dos compañeros que venían de la Plataforma, habían tardado 3 horas hasta allí, una y media menos que nosotros y nos comentaron que habían seguido nuestras huellas durante casi todo el itinerario.

Continuamos por los Barrerones donde comenzó a salir el sol por encima de las montañas, realizamos las travesías de las canales y disfrutamos de la soledad del circo, aunque nos tocara abrir un poco de huella tapada en ocasiones en la zona de las zetas. Pasamos la fuente y llegamos al mirador, desde allí las vistas eran increibles, no había visto el circo tan lleno de nieve nunca antes, más que por la cantidad por lo reciente de la misma, no había casi rocas visibles y nos hicimos decenas de fotos por allí subidos en la peña junto al cartelón antes de terminar de subir el tramo final de los Barrerones e iniciar el descenso en donde nos encontramos con un par de parejas más que se dirigían tan solo hasta el mirador. Desde allí ya cansados pero con el itinerario practicamente a vista, fuímos perdiendo altura cómodamente zeteando toda la ladera para llegar al puente del Prado de las Pozas donde comimos algo y continuamos el último tramo hasta la Plataforma, tramo que siempre se hace largo. Allí en la Plataforma, había unos 10 vehículos, algunos habían subido con cadenas, otros no, y nosotros tras cambiarnos de ropa de nuevo en la marquesina iniciamos lentamente un descenso hasta Hoyos del Espino con cuidado ya que la helada había dejado tramos peligroso durante el camino. El Bar de la Galana estaba cerrado, así que nos dirigimos al de en frente, para comer unos bocatas abulenses de esos de 30 centímetros y de barra que no abarcas con las dos manos. Tras la ingestión volvimos hacia Madrid con el tema habitual en estas fechas de fondo: "La mejor manera de celebrar la navidad es ir al monte y no al bar".
Feliz salida y entrada de año.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Recorrido por la arquitectura negra de Guadalajara.




Como inicio de la marcha, repetimos al igual que el año anterior. Habíamos tomado como base el pueblo de Roblelacasa, paraiso de descanso sobre todo para Jose, morador de la zona algunos fines de semana.


A las 9 de la mañana ya estábamos todos los integrantes de la actividad, la verdad es que se hacía raro sin los antiguos "bajoceristas", muchas caras nuevas y gente con fuerza y con ganas de empezar su andadura en el club con los pies de hierro. Partimos desde la misma casa de Jose y atravesando Roblelacasa fuimos descendiendo por la Tierra de Ayllón hasta la vega del Jarama, allí llegamos a un puente de nueva construcción, con el que a Jose se le caían los lagrimones por el atropello hecho, habían substituído antiguos trillos por nuevas bigas de hierro. Desde allí descendimos Jarama abajo para llegar al salto del Aljibe, bonito salto de agua, donde bañarse en veranito.
Volvimos por nuestros pasos y tras cruzar el mencionado puente ascendimos por una senda entre robles para llegar a Matallana, "el pueblo hipiie de Guadalajara",, como casi aldea Celta el humillo salía de alguna chimenea mientras la lugareña tiraba la palancana entre la hierba. Continuamos en busca de una senda invisible entre las jaras y decidimos tomar una pista que ascendía por la ladera Este del Pico San Cristobal, cuando habíamos ganado la suficiente altura y las rocas cercanas a la cumbre eran visibles decidimos adentrarnos entre pedreras, pinos y jaras para llegar no sin pocos problemas a las cercanías de la cumbre.
Último tramo de roca por donde trepando superamos algunos escarpados rocosos y llegamos por fin al punto más alto del Pico San Cristobal.
La vistas estupendas, la sierra sin nieve en Diciembre y la compañía perfecta, unas fotitos de grupo, otras de paisaje y por el cortafuegos que no habíamos visto para subir, acortamos casi una hora facilmente y sin matorrales que nos arañen la cara. Así descendimos nuevamente a Matallana, en donde enlazamos con el recorrido de la ida y volvimos por la pista de la Tierra de Ayllón ya sin sol y cansados por la paliza que nos había dado la naturaleza nuevamente. 20 Kilómetros, 8 horas 15 minutos.
















Pico Centenera, Sierra de la Puebla







El fin de semana pasado realizamos la última actividad del club.Tras algunas bajas de última hora nos pusimos en marcha a la Puebla con la Yayofurgui, más lenta, más costosa, pero ojo los debates y las reuniones que puedes hacer, con estas nos plantamos en nuestro destino donde nos esperaba Ivan, novato con bajocero.Todos juntos partimos entre las calles de la Puebla y posteriormente entre jaras para salir a una pista que no abandonaríamos en un buen rato. Entre diálogos sociales se puso a llover un poco, cosa que nos obligó a tener que sacar los ponchos para continuar. Cesaba la lluvia y con ella la posibilidad de encontrar el camino de ascenso al Pico Tornera, comido por la vegetación. Continuamos por la pista con la idea de llegar a un collado previo ascenso por pedreras y unas terrazas de pinar. Desde allí vimos la posibilidad de ascender al Pico Centenera mejor que al Tornera y nos encaramamos a su ladera, por donde ascendimos entre piedras resbaladizas. Arriba el viento de Norte sólo nos dejó hacer unas fotos y nos obligó despúes a comer a sotavento donde ingerimos las suficientes calorías como para poder descender por la resbaladiza pedrera recubierta de líquenes, el enramado pinar y llegar a nuestra deliciosa pista para continuar con los coloquios varios, que nos dejaron nuevamente en la Puebla de la Sierra. Allí con la mochila en la espalda había dos opciones; bar o coche y como bajoceristas puros elegimos la primera.. KMS:17 DESNIVEL:900 HORAS: 6,15.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

CERVINO O MATTERHORN, historia de un sueño

Aquí os cuento un poco mi historia de esta mítica montaña que hace unos años era impensable para mí ascender.

Nos dirigimos a los Alpes suizos durante 15 días con la intención de aclimatar durante la primera semana y utilizar la segunda para intentar el ascenso. Para ello me acompañaban Alberto, Guille y Carol, estos dos últimos con la intención de hacer algunos trekkings y algún cuatromil y Alberto con la intención de formar una cordada de ascenso conmigo.
El planning varió al 4º día; Cuando estábamos a mitad de la aclimatación y en el Refugio de Kleinmatterhorn a 3800 metros, dispuestos al día siguiente a realizar el Pollux y el Castor, dos cuatromiles, un guía Suizo nos comunicó que se preveían fuertes nevadas a partir del día 7 y que posteriormente a esta fecha el ascenso al Cervino iba a ser totalmente imposible, ya que la montaña se iba a llenar de nieve y la arista Hornli iba a estar impracticable. Esa misma noche cambiamos de planes y en lugar de dirigirnos al día siguiente a los cuatromiles, nuestra dirección fue totalmente opuesta, íbamos a descender al valle para rehacer la mochila con lo necesario para acometer el ascenso al gigante Cervino.

Esa misma mañana del 5 de Septiembre descendimos los cuatro a Zermatt y desde allí a Tasch (nuestro campo base), hicimos las mochilas y rehicimos planes; Guille y Carol iban a intentar el Pollux y el Castor para el día siguiente y Alberto y yo íbamos a intentar el Cervino, a nosotros se unieron 2 amigos riojanos que nos encontramos en el camping y que venían fuertes de hacer el Mont Blanc días atrás. Así que todos con las mochilas llenas cogimos el último "taxi-freddy" y desde Zermatt tomamos el telecabina que nos subió a la estación de Schwarzsee a 2500 metros.
Con un ritmo lento ascendimos por una senda superseñalizada en dirección a Horlihute, rodeados de montañeros de los que nos diferenciaba una simple cosa, la mochila, este detalle era la diferencia de los que iban al refugio, de los que iban a jugar a otras cosas por encima de éste.

Una mezcla de sentimientos y de ideas, recorrían la mente, mientras con ritmo lento ascendía por la fácil senda viendo aquella esbelta silueta mil veces vista en libros y fotos de montaña.


A la vez que nervioso por el momento, una relativa tranquilidad me recorría todo el cuerpo, sabía que había hecho los deberes bien y ya estaba allí en la base de un sueño, con las cartas echadas. Había puesto todo de mi parte, ahora faltaba que la naturaleza, factor determinante e inexacto me concediera la oportunidad de llegar arriba con una meteorología decente.


La tarde se echaba, el sol se escondía tras los penachos de nubes que el cervino suelta a modo de volcán y cada vez me situaba más y más debajo de aquel picacho, que ya me ocultaba el sol por completo.
Los últimos montañeros descendían corriendo para coger el último telecabina y nosotros nos montamos en las primeras estribaciones de la Arista Hornli, cuando aún es senda, para ir zeteando y superando el escarpe rocoso que hay previo al refugio y donde ya se iba notando el frío de la tarde.


Tras casi 3 horas llegamos al Refugio de Hornli, allí nos recogieron las federaciones, para tenernos controlados y nos comentaron que a las 5 se levantaba la bandera para salir a cumbre, no pudiendo salir antes bajo ningún concepto. Así que mientras Alberto y yo descansábamos en el refugio, nuestros amigos riojanos hicieron una incursión hacia el primer tramo de ascenso para ver un poco la roca, y los primeros pasos que nos íbamos a encontrar al día siguiente a oscuras. Sin más y con la caída del sol, nos pegamos una buena cena y todos nos acostamos en las literas acinados, soñando que la siguiente jornada iba a ser una de las memorables en nuestra propia historia alpinística

DÍA 6 DE SEPTIEMBRE

Sonó el móvil,  bueno o más bien el jaleo anterior a la "tocata" nos despertó un poco. No había pasado muy buena noche, tenía a mi lado a Alberto y se había levantado en varias ocasiones, había dado muchas vueltas, además de haberle escuchado respirar un poco malamente durante toda la noche. Al poco de levantarnos no me tenía que decir nada ya supe que no iba a tirar hacia arriba y posteriormente en el desayuno me lo concretó, tenía mala cara y ésto sumado al derrumbe mental de no estar en condiciones el día exacto le minaba bastante.
Desayunamos y con un poco de tardanza por parte de los riojanos salimos para arriba los tres con el frontal en el casco y la cuerda en la mochila por si acaso. El resto de personas que subía para arriba se trataba de unos 20 guías con sus clientes todos encordados de dos en dos y entre los que nos infiltramos por medio.

Superconcentrado me enganché visualmente a uno de esos guías y tras ellos fuí ascendiendo una serie de chimeneas con buenos agarres y con un patio, que ni veía por la oscuridad ni la verdad me interesaba mucho.



Concentrado en la subida pronto perdí de vista a uno de los riojanos y posteriormente el otro me comentó que su compañero iba mal y que se iban a dar la vuelta los dos, ya que venían muy cansados del Mont Blanc. No había opción y muy mentalizado continué tras el guía y cliente siguiendo la fila de lucecillas y ganando altura con mucha rapidez.

Cuando en un paso se amontonaban varias cordadas, yo me quitaba la mochila y comía un puñado de frutos secos, bebía agua y partía un trozo de barrita, y así continuaba hacia arriba. El primer tramo era alucinante, siendo pasos fáciles era todo una canal contínua con pasos de II que no te dejaban respiro con el consiguiente problema que empezaba a nevar un poco.
Tras algo más de una hora me di cuenta que había elegido el guía perfecto, adelantábamos a otras cordadas y el hombre continuaba a buen ritmo aprovechándome yo de ello hasta que se acabó el chollo, realizaron una parada y me indicó con la cabeza que pasara, no tenía opción así que continué siguiendo las lucecillas de más arriba hasta llegar a un nuevo guía al que agarrarme visualmente.

Comenzaba a amanecer, la temperatura rondaba los -2ºC y el itinerario abandonó la arista para meterse en la parte izquierda de la cuerda, a unos 20 metros de la misma. Allí por una serie de travesías en roca complicadas por el hielo que había entre las mismas me hicieron pensar por primera vez en la vuelta.

La verdad que para subir bastaba con prestar atención, pero para descender qué?, seguía nevando y esto podía presentar un peligro para el descenso, pero la verdad que no le daba muchas vueltas y sabía que la clave para el ascenso era ir con una idea fija, que era subir, subir y subir más.

Por unos momentos pensé en ponerme los crampones pero observé que los guías iban sin ellos así que continué tras mi guía particular hasta llegar a la famosa "Placa Mosley", paso de III+, para mí IVº, se trataba de una especie de chimenea equipada con chapas que a diferencia del resto de la vía, tenía malos agarres. Echando un poco de morro me metí en el medio de una cordada que estaba parada y con la cuerda a tiro de un mordisco, realicé el paso no perdiendo de vista la cuerda por si tenía que tirarme a ella en caso de resbalón o caída.
Finalmente realicé el paso sin molestar y llegué a la Cabaña Solvay situada a 4.000 metros, paré un instante y comí de nuevo, luego vi que a partir de ese punto la niebla era muy densa y la roca ya había cogido la nieve, además entre los guías comentaban que hacía mucho viento ya que el itinerario ahora va directamente por la arista. Nuevamente se me pasó por la cabeza la idea de darme la vuelta, estaba solo en un océano pero vi una cordada que ascendían y se metían en la "Placa Mosley superior III+", en ese momento me tiré al océano a nadar.



Tras la cordada me metí en la Placa Mosley superior, más corta que la anterior pero más explosiva  salí a la arista donde el viento era bastante fuerte y la niebla me dejó ver por momentos el Glaciar Zmutt, esto me dio alas y por terreno más fácil pero más aéreo fui continuando enganchándome de nuevo a la siguiente cordada, en la que el guía hablaba incluso español.



 Al poco nos cruzamos con varias cordadas que venían de cumbre,,,, -cumbre, summitt?, -yes, yes, me respondieron , allí me dije, si estos pueden yo también y me lié a ascender observando que ya casi estaba a 4200 metros, a 250 del sueño y nada me podía echar atrás.



A pesar de no poder ver nada por la niebla y la ventisca (casi mejor así no veía los patios), me lié la manta a la cabeza y continué dejando al guía atrás.


Como yo no me aseguraba a ningún lado progresaba a más velocidad que ellos que tenían que estar montando reuniones con la cuerda y así llegué al hombro del cervino, zona en donde por una pala de nieve de unos 30º grados y de 60 metros atravesé para llegar a la arista.

Desde allí partían las famosas maromas del Cervino, cuerdas de un grosor considerable a las que te puedes agarrar para progresar mejor, así hice y dejando las cordadas de lado y esta vez a mi propio ritmo fui pasando una serie de chimeneas y algún paso de IV, que con la maroma era mucho más fácil.





Ahora el problema era otro; debido a que las maromas estaban empapadas de agua, se me habían mojado los guantes, sólo había subido unos de polartec y los tenía ya calados, el frío era considerable y el viento de Oeste fuerte no ayudaba mucho, tampoco podía guardarme las manos en los bolsillos ya que estaba todo repleto de agarres y de maromas a las que tenía que agarrarme. Así que sin pensar mucho en mi integridad y observando que estaba ya cerca de la cumbre, me dirigí hacia arriba resistiendo un poco el dolor y pensando más en los pasos que en las propias manos.



Subía enfilado hacia arriba cuando me encontré con una estatua de una virgen, -coño!,


nada más verla recordé en la guía que estaba situada en la antecumbre y feliz vi la arista final de nieve y la gente abrazándose unos metros más allá, aluciné en colores, sentí una alegría enorme y me fui a buscar mi sitio en la cima, ni siquiera me paré en la cumbre Suiza y me dirigí entre la niebla a la cumbre italiana descendiendo una pequeña brecha y pudiendo avistar al otro lado la cruz de hierro italiana.,


primeramente la hice una foto desde lejos y pensé: -joder, porque no subir hasta allí, y así hice, por un terreno helado y con mucho cuidado ascendí hasta la propia cruz.


Aunque las vistas eran nulas no paré de hacer fotos, pensé que alguna saldría bien y no dejé de encender la cámara para inmortalizar el momento y el lugar, que con el paso del tiempo siempre es lo que más recuerdas, lo que has visto en fotos.


Seguidamente y sin parar mucho, descendí de la cumbre italiana a la brecha y desde allí a la cumbre Suiza, que ahora estaba mucho más tranquila, tan tranquila que no había nadie, había formada una cornisa y clavé el piolet en la misma para hacerle una foto, tras la foto y cuando me iba a marchar, pensé que no iba a tener ninguna foto de cumbre, así que esperé unos 5 minutos a que subiera alguna cordada, mientras me metía las manos en los bolsillos para calentar los guantes un poco, cosa que había mejorado desde que había dejado de tocar las maromas.


Entre la niebla apareció una cordada más y pronto llegaron hasta el punto más alto, donde nos hicimos unas fotos mutuas y sin más comencé el largo descenso.

Con el itinerario conocido las cosas cambiaban por lo menos mentalmente, los tramos de maromas ya no me importaban mucho, ya que siempre iba agarrado y por muy difícil que fuera el paso la seguridad de una cuerda era mucha, posteriormente llegué a la diagonal de nieve que tampoco me supuso nada ya que la huella ya estaba muy abierta, y llegamos a la arista venteada, ésto ya era otra cosa.



 Allí me lo tomé con calma, poco a poco iba buscando los pasos más fáciles, observando los restos de arañazos de crampones para seguir el buen camino, y de cara a la pared destrepaba la roca con paciencia ayudándome de alguna cadena que había.



Tras varios pasos rocosos por la arista, fui llegando de nuevo a la "Placa Mosley superior", conociendo el paso durante la subida, decidí ir montando un rápel para bajar, para ello saqué la cuerda de la mochila y cuando lo estaba montando, llegó un guía suizo con prisa abriéndose paso, le dejé que metiera la cuerda primero y mientras bajaban los dos, observé que habían descendido por otro lugar por el que había subido yo, así que metí la cuerda en la mochila y fui destrepando por esa otra zona con los crampones puestos y metiendo las puntas delanteras en las fisurillas horizontales.

Así llegué a la Cabaña Solvay donde me encontré al guía de habla hispana y a su clienta, estuve hablando unos minutos con él mientras comía una barrita y un gel, aparte de beber agua.



Tras hacerme unas fotos con él inicié el descenso, ahora tocaba la Placa Mosley inferior un paso de IVº, que curiosamente con crampones se hacía mejor, hice un poco de trampas y me agarré a alguna chapa metálica con la mano para destrepar la placa y ahora llegaba al lugar que más me minaba en la cabeza y me inquietaba, lugar en donde había hielo durante el ascenso, curiosamente el hielo se había derretido con la lluvia y estaba todo mojado, tenía que ir con cuidado por la roca mojada, pero con buenos agarres no era tan peligroso como el hielo, así por esta zona ya empecé a creerme el ascenso del Cervino, fuí parando más para comer ya que me notaba bajo de fuerzas, quizás porque la tensión de ir concentrado iba descendiendo, pero a la vez era consciente de que era el momento donde suelen ocurrir los accidentes, por ello paré cada diez minutos a beber agua y destrepaba y descendía los tramos de poco en poco, hasta salir de la zona de niebla y poder avistar el refugio abajo.

Ya había algunos tramos de camino con hitos de piedras y siguiendo el sistema de chimeneas finales,,.....me embarqué!!. No se como había podido perder el sendero, había torcido en un bloque por otro lado y no sabía donde estaba, comencé a destrepar por una zona que no me sonaba y cuando llevaba 10 minutos escuché hablar a un guía unos 20 metros más arriba a la derecha; me miró, yo le miré, je,je,je y ganando un poco de altura me dirigí hacia él, tras un guiño continué por delante de ellos y en un nuevo punto no encontraba como seguir,,,pronto me gritó desde arriba, diuter, diuter,,,señalándome con la mano hacia la derecha, así da gusto y siguiendo la pequeña senda que ahora si existía llegué a la primera de las chimeneas, habilitada con 3 cables para subir y por donde bajé hasta tierra firme. Allí ante la atenta mirada de dos japonesas con grandes cámaras, me puse de rodillas y besé el suelo, mientras me decían congratulations!!.



Ya solo me separaban 4 minutos del refugio hasta donde llegué pletórico. Recogí mis cosas del refugio y tras comprobar que todos mis compañeros se habían bajado me dirigí a plena civilización.

Mientras descendía con la mochila me daba la vuelta, levantaba la vista y pensaba, -¿de ahí he bajado yo?, imposible. Y así seguí hasta el telecabina dándome dos o tres veces más la vuelta, más ancho que largo, más fuerte que el resto, más alto, más guapo,..... sentado en una gran nube, de esas en las que todos nos montamos cuando hacemos algo de lo que nos sentimos orgullosos y algo más, con la felicidad de haber cumplido un sueño, que hace dos o tres años hacia atrás ni siquiera lo era, ya que parecía una cosa impensable para mí.....



Al día siguiente el Cervino apareció así de nevado, el día 6 de Septiembre fué el último día de ascensos de la temporada, todos los guías se fueron a otras zonas de alpes debido a la gran nevada.



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