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domingo, 8 de noviembre de 2015

Cresta NW de Cabrones - Torrecerredo. (AD, IVº)

Sí. La verdad que lo pasamos bien.
La noche del sábado había sido alegre, entre vino y vino, cenamos en la puerta del refugio y nos fuimos a dormir a los sacos que teníamos tirados en el prado. No paramos de reír ni siquiera desde la misma "piltra". 
Y es que con este verano que no terminaba, los 12º a las 23:00 horas en Vega Urriellu daban para estirar la tarde al máximo.

Por fin caímos.

A las 6 sonaron los móviles que nos pusieron en pie, como siempre en estas jornadas de máxima precisión montañera, arriba como militares y funcionando con los desayunos, ya que el horario es muy importante.

Aún de noche y antes de las 7 de la mañana arrancamos rumbo a la Brecha de los Cazadores, son 300 metros los que nos separan de ella y el camino se pierde entre mucha pedrera de roca caliza.

A la izquierda dejamos el Neverón del Urriellu, proyecto de invierno y los primero rayos de sol comienzan a hacer acto de presencia en el horizonte por el Este. La silueta del Urriellu imprescindible.


El camino se comienza a empinar y las zetas nos van llevando a las chimeneas anteriores a la horcada, unos cables y párabolt, protegen el paso en épocas más frías, ahora con echar las manos a la roca y tirar un poco de piernas nos vale para llegar 45 minutos después de nuestra partida a la horcada.

Las vistas merecen una parada, hacia el Noroeste podemos ver la costa y muchos pueblos de la Cornisa Cantábrica, sobre nosotros el Diente y el Neverón del Urriellu y hacia el Noroeste el sistema de los Picos Albos, entre medias nuestro próximo destino; la Horcada Arenera.


La senda bastante localizada gana altura lentamente hacia el Oeste, por una serie de jous, después la vamos perdiendo pero seguimos puntos verdes, para terminar continuando por "jitos" y con la vista puesta en el fabuloso rojizo otoñal de los primeros rayos que golpean en los Picos Albos.


Hemos tardado 1 hora 20 minutos en llegar a la Horcada Arenera.

El viento viene del Oeste y es un tanto molesto, así que tras echar un vistazo hacia el Pico Cabrones y su arista NW, la cual tenemos que seguir iniciamos el descenso hacia el Refugio de Cabrones, el itinerario es un tanto circular pero es que con tanto Jou, no podemos ir de una manera lineal y es el camino más corto el elegido.

Bajamos hacia el NW, en busca de una amplia depresión, el terreno está bastante descompuesto pero lo puntos nos continúan ayudando a seguir por el buen camino el itinerario. Atravesamos zonas de llambrias tumbadas, otras con pedreras inestables y todas hacia la misma dirección en busca del refugio. Tras recorrer varias hondonadas, por fin desde arriba observamos el Refugio Ramón Lueje o Cabrones, aun está lejos, pero sólo nos queda descender al jou más cercano y reponer las botellas de agua con la fuente cercana y que será el último punto del líquido elemento de la jornada.

Hemos tardado 2 horas y 15 minutos hasta el refugio. Realizamos una parada y nos metemos para descubrir de buen agrado que sus instalaciones están fenomenal. Además desde allí se ve todo el itinerario hasta la cumbre de Cabrones, nuestro siguiente objetivo, pero antes tendremos que encontrar el lugar o chimenea por donde montarnos en la arista NW.

Tras el breve descanso, continuamos la marcha, esta vez los hitos o marcas desaparecen. El itinerario a partir de aquí no es lógico y normal y por supuesto que no está balizado. Por lo tanto tendremos que guiarnos con mapa y los croquis que llevamos.


Tomando como referencia el Jou de los Cabrones, a media ladera vamos recorriendo rumbo Sur hacia la arista deseada. El terreno se presenta inestable desde un comienzo y vamos interpretando sobre el terreno el mejor recorrido posible. Bordeamos por el Este el Pico de Dobresengros y enfilamos linealmente la canal que da acceso a la arista, ahora el terreno está peor y hay tramos en donde desencadenamos dos pasos hacia adelante y dos hacia atrás. Pero la inercia es positiva y vamos ganando terreno para llegar a los pies de la arista y la chimenea que teníamos marcada en los croquis.

Han pasado ya 3 horas desde nuestra partida, vamos bien de tiempo contando que los días son cortos, son las 10 de la mañana y nos vamos poniendo el casco, arnés y resto del material para iniciar la "escalada".

Comienza el juego, Abel tira primero por la chimenea, y le gusta complicarse, en lugar de tirar por el interior, va buscando la parte izquierda por roca, un poquito el culo al aire con pasitos de IIIº que nos depositan pronto en la parte alta desde donde divisamos la gran caída que hay hasta el Río Cares, unos 1800 más abajo, por la Canal de Dobresengros abajo.


Continuamos ahora por el filo de la Arista NW, se camina bien, alguna mano a la roca pero lo bueno está por venir y además lo tenemos a vista un poco más adelante.


La arista se estecha, hasta su mínima expresión, el patio es increíble y el viento no ayuda mucho a mantener el equilibrio, pero continuamos concentrados con el afán de no tirar piedras y poner los sentidos en lo que hacemos.

Realizamos algunos pasos con las piernas en travesía y las manos por encima de la arista y otros literalmente a caballito (IIIº), todo lo que sea por tener el centro de gravedad lo más bajo posible.


La adrenalina la llevamos por las nubes y salimos a un pequeño nicho/cueva abrigado al W, desde aquí dudamos por la derecha o por la izquierda, Abel tira por la izquierda (IIIº+), el resto por la derecha (IIº+), pero con un buen patio.

Nuevamente continuamos por el filo de la arista que ahora parece ensancharse, y llegamos a una chimenea estrecha que divide la arista (IIº+). El terreno está algo suelo pero por dentro la escalamos divisando ya más arriba la cumbre del Pico de Cabrones, aunque aún nos queda un trecho para llegar.

Caminamos como funambulistas por el filo, ahora en lugar de ser lineal hace un par de leves giros la arista, uno de ellos nos lleva por una terraza de roca adherente hacia la derecha, paso fácil pero con patio y nos acerca al paso más complicado del primer tramo de la Cresta NW de Cabrones.

Tras recorrer otro tramo afilado horizontal, llegamos a un pequeño muro de roca compacta, no tiene muchos agarres, si de da de frente lo dan de IVº por sus malos agarres, pero se puede bordear por la izquierda en parte, saliendo de IIIº.


El olor a cumbre nos invade, según nuestras reseñas no queda ninguna traba más hasta arriba y según el altímetro sólo 50 metros de desnivel por terreno descompuesto pero fácil.


Voy el último grabando y al final vuelvo a ver el sol a contraluz entre mis compañeros. ¡Primer tramo superado!. Son las 12:00, saludamos a unos compañeros asturianos que han subido por la normal (que también se las trae) y nos divertimos un rato admirando todos los macizos que componen estos Picos de Europa; el Occidental con la altiva Peña Santa de Castilla, el Central con su Torre Cerredo que nos tiende una cuerda a modo de cresta para llegar a él, y el Oriental que a duras pensa se divisa entre tanta grandeza de altitudinal del central.



Ubiñas, Riaños, Mampodres, Palentinas, Cueras y Alto Campoos se ven desde aquí, por no hablar de los kilómetros de costa norte que se divisan.

Del extasis nos bajamos a una terraza con orientación SE, apartada de la fuerza del viento, allí comemos y reponemos parte de fuerzas, por que lo queda es largo y nos pedira "chicha".
Cuando terminamos de comer, recogemos y con las mochilas en la espalda continuamos el itinerario.

Subimos al filo de la cresta y ahora vemos un descenso hacia una brecha, en si el descenso no es complicado, será IIº, pero el fuerte viento, la exposición y la piedra suelta nos hacen bajarlo con cierta tensión.


Cuando la arista ensancha vamos un poco mejor y mediante una serie de chimeneas o canalizos descendemos hasta la brecha de la ruta normal. Por allí están nuestros compañeros asturianos rapelando.
Nosotros no tenemos que ir por ahí. Sino continuar por un murete que parece algo complicado y que parte desde la misma brecha, se ven pocos agarres, pero luego resulta algo más fácil, unos pasos de IIIº, en diagonal hacia la vertiente Este nos hacen superar el primer tramo y después ya algo más fácil nos llevan caminando nuevamente hasta la parte alta de la cresta.


La arista se ve afilada y tenemos que estar apunto de llegar al primer rápel, vemos algunos cordinos más abajo pero para llegar a ellos hay que destrepar por una zona un tanto expuesta, no más de lo que llevamos haciendo toda la mañana. De la instalación rapelamos unos 8 metros hacia la vertiente Oeste, para llegar a una terraza.


Poco más allá por la cresta hay unos nuevos cordinos para rapelar pero preferimos destrepar el murete que da a la vertiente del Macizo Occidental IIIº, (no habría sido mala idea volver a rapelar).

Continuamos unos metros por la cresta hasta llegar a una nueva instalación de rápel, se ve claro ya que la continuación es una profunda brecha oscura. Hay dos clavos con un cordino blanco que aprovechamos para tirar la cuerda unos 15 metros abajo y volver a rapelar por segunda vez hacia la vertiente Oeste nuevamente, aunque a pocos metros de la divisoria de vertiente a donde salimos caminando tras el rápel.



Somos conscientes que nos queda un último rápel y pronto aparece frente a nosotros, vemos que incluso se puede destrepar pero preferimos montar la cuerda y descender unos 10 metros hasta la continuación de la arista, (la reunión la componen de nuevo dos clavos y un cordino unido).


Tras rapelar los 4, esta parte no parece muy complicada, ya podemos ver el murete de IVº del Torre Cerredo un poco más allá y sólo nos queda llegar a la base del mismo, pero no sabemos muy bien por donde.

Por la vertiente E ascendemos a la siguiente cota y después una pequeña aguja la dejamos a la izquierda según bajamos para pasar esta vez todo el tramo por la vertiente contraria, la W.
En cuanto podemos subimos a la parte alta de la cuerda, ahora es más ancha y llegamos a un pequeño muro, que ascendemos por su filo IIº+, para volver a continuar por terreno más fácil.


Con la vista puesta en el último murete, vamos progresando por las zona más evidentes y fáciles que nos llevan a la vertiente E finalmente, por allí cogemos unas llambrias en horizontal que nos llevan a salir al propio paso de IVº, el mayor escollo de la jornada.

Son las 14 horas pasadas y sacamos las cuerdas para realizar el paso, le ha tocado a Juanjo así que coge los cacharros que hemos subido mientras estiramos las cuerdas.

El paso en sí no parece difícil, es un pequeño muro, que se superan en diagonal a izquierdas, es un poco como la tónica que llevamos aunque metidos en el ajo, no se si por las fuerzas o por lo que sea si es un IVº peleón, con ambiente y con viento fuerte del NW que nos sopla.


Juanjo se lo da sin mayores problemas y el problema viene al buscar la reunión para asegurarnos, algo no muy seguro encuentra y más vale no caernos, avisa.

El resto subimos bastante juntos hacia arriba, poco a poco vamos disfrutando de esos pasitos un poco lavados pero bastante equipados con cordinos, clavos y demás enseres, (es lo que tienen las clásicas).

Estamos casi arriba, aunque aún nos queda subir un poco por un pequeño hombro como final de la arista que no se da por vencida, y por fin avistamos el maltrecho vértice geodésico del techo de Picos de Europa, todo un placer llegar a este punto. Por mi parte 11 años después, -"cuantas cosas han cambiado"-.



Lo celebramos como es debido, grabación, bailecito y una botella de vino que saca Abel de la mochila, -"ojo que aún nos queda la bajada, y no es sencilla"-.

La alegría nos invade, son las 15 horas y mis compañeros ya están echando cuentas para bajar a Arenas de Cabrales, jejeje. Intentamos ser prudentes y la bajada la marca el debate de si bajaremos a Arenas o nos quedaremos en Vega de Urriellu.


Votos a favor de Arenas: 2, votos a favor de quedarnos en Vega Urriellu: 2.

Lo echamos a cara y cruz: nos quedamos en Vega Urriellu.


Para el descenso desde cumbre empleamos 2 horas y media más, llegando a las 17:20 a Vega Urriellu, disfrutamos de la tarde y aún nos quedaron fuerzas para subir a los pies del Urriellu, más bien al inicio de la Vía Rabadá y Navarro. Allí dimos rienda suelta a nuestros sueños más intrépidos, quizás los próximos.


Y aquí el vídeo que nos curramos de la actividad...A disfrutar del monte, sube el volumen y dale al play!!!!


domingo, 1 de noviembre de 2015

Cresta del Maldito, AD (IVº, M4, 50º)


La noche fue larga y fría. Teníamos ganas de poner fin a las 12 horas de sueño, muchas de ellas interrumpidas por el frío que el aislante dejaba entrar por los riñones, muslos o costado.
Aún con ropa en el interior del saco, los -5 de temperatura límite apuntada por el fabricante del saco me parecían muy hinchados, pero con 1,4 kilos de peso más no se podía pedir.

Amanecimos con una capa de escarcha sobre el saco y desde el mismo, nos calentamos el desayuno observando como el día ganaba minutos a la noche y sol parecía jugar de nuestro lado, presentándose puntual a la cita. A las 7:30 por el horizonte comenzó a asomar sobre las cumbres catalanas y la cercana Salenques.


Esos rayos nos dieron la vida y fueron los que nos independizaron de nuestro saco.
A las 7:40 partimos del vivac rumbo al Glaciar del Aneto, al que llegamos tras unas decenas de pasos después, desde allí y dejando hacia la izquierda la añorada huella hacia el Aneto, comenzamos a ganar altura linealmente hacia la derecha de la Cresta del Maldito, más concretamente hacia la zona conocida como el Collado del Maldito y sobre unos 10 centímetros de nieve nueva no transformada.


40 minutos tardamos en llegar a la rimaya. Desde allí a 3.200 metros observamos las posibles vías de ascenso a la cresta y todas ellas nos parecieron complejas y nada claras.

Sabíamos que el objetivo era encontrar una canal de IIº por el lado norte para salir junto a la Aguja Schmidt-Endell, pero a vista y con la nieve reciente no se veía nada excesivamente claro.


Atravesamos la rimaya por un puente de nieve y comenzamos a ascender por la nieve en diagonal a la izquierda pero los crampones chirriaban en el granito de montaña escondido bajo unos pocos centímetros de nieve. La intención de tirar hacia izquierdas pronto se fue de nuestras cabezas, ya que la nieve era un campo de bombas en forma de lisas placas escondidas. Así que tiramos hacia la parte alta de la arista por una canal que observamos sobre nuestras cabezas.


Teníamos claro que la progresión tenía que ser con las manos en la roca, los piolet de poco valían, así que ascendimos un par de pasos delicados por la estrecha canal y llegamos a una bavaresa bastante vertical, bonita pero para ir con los gatos y la cuerda doble (Vº).


Empotrados como fisureros en la canal, el destrepe no era muy recomendable así que abandonamos un cordino y tiramos de rápel dirigido hacia un lugar desde el que tuviéramos acceso a un nevero que teníamos localizado más al Este y que nos podía dar la llave del ascenso, evitando así la zona de placas ocultas bajo la nieve.

A pesar de perder un tiempo valioso, la maniobra nos sacó a la base de una nueva canal (45º), por donde ascendimos sin problemas hasta llegar a una zona rocosa que nos cerraba el paso.



Por allí colgaba un cordino muy fino a modo de cuerda fija procedente de arriba, no sabíamos muy bien el sentido del mismo pero teníamos claro que la salida estaba unos 10 metros más a la izquierda donde se situaba el nevero.

Nuevamente la nieve tapaba una zona rocosa de placas y el cordino a pesar de tirar de él con todas mis ganas, no me garantizaba ser de confianza, así que decidimos tirar un primer largo en travesía para evitar la exposición de las placas.

L1.
Protegido con una reunión a cañón con fisureros en este granito tan basto, realicé primero un paso ascendente de IIIº+ y posteriormente una travesía delicada de punteras de crampones sobre granito "chillón", que me llevó a un destrepe corto pero atlético de IVº, que me deposito en el nevero.

Terminando la travesía para salir al nevero, con las rimayas por abajo

Sólo me quedaba ascender unos metros por el nevero hasta una roca a la izquierda donde había unos cordinos, claramente colocados para rapelar de bajada hacia la rimaya.
Allí monté la Reunión para recuperar a Javi y comenzar a ascender ambos por el nevero hasta su parte final.

Los contrafuertes NNW nos cerraban el paso por arriba, así que una chimenea situada a la izquierda de la pared, parecía el escape lógico. A los pies de la misma vimos un clavo y algo más que metimos como reunión para proteger el largo.


L.2.
Esta vez tiró Javi, parecía más fácil desde abajo, además la nieve posada se nos ocultaba desde la visión inferior y tenía muy malas manos para progresar.
Encontró algún clavo más por el camino y algo que metió para superar los 10 metros que le llevaron a salir de la chimenea, compuesta con pequeñas repisas consecutivas con mala protección.

Arriba vista inferior de la chimenea, abajo vista superior de la chimenea

Una vez salimos de la chimenea, nos encontramos en una zona de pequeñas canales, el paso por allí era un tanto raro, así que fuimos ascendiendo por la vertical, superando terrazas y repisas que nos fueron llevando a la parte alta de la cresta con algún que otro paso problemático que solventamos progresando en ensamble y una canal final de unos 40º para ir a dar a la brecha cimera, situada a escasos 4 metros del gendarme, que forma parte de la lista de los 212 tresmiles del Pirineo aunque de dudosa autonomía incluso para ser secundario.


Con las vistas hacia el Ibón de Cregueña en la vertiente sur decidimos realizar la primera parada en la brecha, habían pasado ya 3,5 horas y eran poco más de las 11. Íbamos realmente mal de hora para haber subido sólo al Gendarme Schdmit-Endell y preveíamos que la jornada iba a ser larga.


Tras el descanso continuamos por la parte alta de la cresta y no tardamos en llegar al Pico Maldito, donde va a confluir la Arista de Cregüeña (que merece otro capítulo aparte). afortunadamente toda la parte alta y la sur, debido a la insolación estaba bastante pelada de nieve, por lo que la velocidad de progresión iba a ser la adecuada.

Tomamos una foto y desde allí mismo avistamos nuestro siguiente objetivo: la Punta de Astorg, característica por su bloque cimero, ubicado unos metros al Norte y bastante afilado.
Nos dirigimos hacia allí de igual manera que anteriormente, por el mismo filo. Los bloques de gran tamaño no nos presentaban ningún problema añadido y pronto por terreno fácil llegamos a dicho paso.

Se trata de una sucesión de bloques que van a dar a uno con forma de cuchillo afilado, con una estrecha repisa para pies, pero en donde si te quieres montar tienes que echar un poco de arrojo o más bien ganas. La foto es espectacular por lo menos.


Hicimos lo propio ambos y tras las fotos, ubicamos a escasos metros de la propia cumbre un sistema de cintajos para rapelar a la contigua Brecha de Astorg.


Desde aquí el terreno continuaba, la arista ya no era tan dócil y varios gendarmes y formaciones de canales y pequeñas torres se agolpaban en un corto espacio.

Desde la Punta de Astorg, parte más irregular
Tras el rápel de 15 metros guardamos la cuerda e intentamos subir a la cresta por una chimenea, pero estaba algo expuesta y continuamos por terrazas con nieve de orientación sur con un primer pasito algo aéreo.

En lugar de subir por el filo fuimos contorneando terrazas delicadas y mediante travesía ascendente llegamos a un destrepe de IIIº, con muy buenas manos.


Tras el destrepe llegamos a un lugar sin salida aparente. Unos cordinos abandonados atestiguaban que el rápel era la mejor opción así que montamos una nueva bajada con la cuerda para bajar a una pedrera con orientación sur.


Por ella descendimos unos metros para buscar la mejor salida para continuar y de nuevo por terrazas situadas hacia la vertiente de Coronas fuimos progresando esta vez de manera ascendente hacia la cuerda.


Llegamos al filo y unos grandes bloques, nos obligaron a contornear, equilibrar y precisar movimientos para llegar a la primera de las puntas.

 No se trataba del Pico del Medio, sino que estaba más allá, así que continuamos con una temperatura perfecta y el sol en todo lo alto.

Cuando veíamos alguna zona de mayor dificultad siempre recurríamos "al comodín" de la vertiente de Coronas y así superar los pasos más difíciles entre bloques y proseguir cresta hacia adelante. Lo hicimos en dos ocasiones más y nos salió bien ya que algunos gendarmes de dimensiones considerables cortaban el paso por arriba.


A las 13:30 tras casi 6 horas de trabajada cresta llegamos al Pico del Medio, pico que da nombre a la cresta. Nos sentamos disfrutamos y comimos algo, ya que la gasolina estaba llegando a la reserva.


Las vistas hacia las diferentes direcciones eran increíbles; todos los grandes del Pirineo, nevados y solos con un cielo despejado de escándalo.

Pico Aneto y Collado del Medio
Tampoco nos entretuvimos mucho, había que bajar. Así que continuamos rumbo al este, observando muy cerca el Collado del Medio. Mediante una pedrera cómoda descendimos al mismo y desde allí observamos las opciones de descenso.
Parecía factible así que cara a la nieve, fuimos descendiendo con cuidado unos primeros metros a 50º algo mixtos que nos llevaron a nieve blanda y a la Rimaya del Medio, Una profunda hendidura del glaciar pegada a las paredes de roca.

Por el Glaciar del Aneto ya era coser y cantar, la nieve blanda nos favorecía la progresión con crampones y desde los 3240 metros nos lanzamos "a tumba abierta" hacia la zona del vivac situada a 3000 y llegando a las 14 horas, con toda la tarde por delante para volver al coche.


Nos hidratamos y comimos de nuevo algo. Tras relajar las pulsaciones con la mente más fresca rehicimos la mochila de vuelta, como siempre las apreturas son mayores a pesar de tener menos cosas, pero así es la mochila del montañero. Antes de las 15 estábamos en marcha hacia el Portillón Superior.

El camino hasta el mismo, fue un tanto penoso, primero los excesivos agujeros entre la nieve y los grandes bloques, después la subida al portillón.
El sol decidió esconderse tras las Maladetas de manera continuada para bien nuestro, necesitábamos ahora algo de fresco y acometimos la subida al portillón observando que las piernas aún nos respondían de una manera eficaz.


Elegimos de nuevo el camino "de arriba", así que nos quitamos con la mayor rapidez el tramo de nieve para llegar a la senda limpia de una manera rápida y así evitar la helada ya que la temperatura estaba descendiendo con rapidez.

Pasadas las 16 nos habíamos quitado toda la nieve y estábamos cerca del Portillón Inferior, hacíamos paradas cada 45 minutos para descansar piernas e hidratarnos brevemente, jugamos con el tiempo disponible y el juego nos salió bien.

Evitamos las zonas heladas ya que aún era pronto y eso nos facilitó el descenso rápido, a las 17 estábamos en la puerta del Refugio de Renclusa. Indicamos al guarda que habíamos bajado y nos despedimos para continuar la bajada al coche y la Besurta, con el sabor de la victoria, con el gusto de hacer bien las cosas y con el orgullo de haberlo hecho de manera respetuosa con el medio y las montañas.

-Tiempo: 10 horas
-Desnivel: 470 positivo, 1600 negativo.
-Kilómetros: 9 kilómetros.
-Dificultad técnica: AD (IVº, M4, 50º)
-Compromiso alto; escape difícil, aproximación muy larga, horario con poco margen y dificultad mantenida.
-Condiciones encontradas en Noviembre del 2015


Vídeo de Javi de la actividad:
https://www.youtube.com/watch?v=jUT4sbVT8y8








sábado, 31 de octubre de 2015

La romántica idea de vivaquear en un glaciar. Objetivo Maldito.

La temporada de escalada clásica había sido prolífica y nos apetecía cerrar la etapa de roca con una buena cresta como la de Tiro Llago-Madejuno en el Macizo Central de Picos de Europa.

De nuevo, esta vez la nieve nos lo impidió. Como todos los años ya había ganas de que cayera la primera nevada de la temporada y ésta vino a finales de Octubre.
Ya se sabe... sólo vale para enfriar el suelo, que si no transforma, que si tal, que si cual, pero a los que como a mí nos sentimos mas alpinistas que otra cosa, pisar nieve nos motiva de sobremanera.

Había hablado con Javi para salir y tras la negativa para Picos de Europa otro plan alternativo que sé que le apetecía era la Cresta del Maldito o también conocida como la Cresta del Medio. A pesar de la nieve caída, nos organizamos y trazamos un plan un tanto atrevido:
El Viernes nos dirigiríamos al Plan de la Besurta a dormir ya a 1920. El sábado remontaríamos todo el Barranco de la Maladeta y cruzaríamos el Portillón Superior para dormir a 3.000 metros justo en la entrada del glaciar, con el objetivo del domingo realizar la cresta integral, el descenso y volver a Madrid.
De otra manera sería imposible hacerlo en dos días, un plan bien cogido con pinzas.
Llamemos romántica la idea de dormir en el Glaciar del Aneto en un agujero sobre la nieve.

Durante la jornada del viernes todo transcurrió sobre lo organizado; bocadillo en Graus y llegada a la Besurta a las 23:00 horas. Bueno, se nos olvidó la cámara de fotos y tuvimos que rehacer unos kilómetros y nos multaron por exceso de velocidad, pero por lo demás.....

Sábado 31


Nos levantamos a las 8, hacía frío y había caído una buena pelona en la Besurta, a 2ºC, -"buff, no quiero pensar mañana arriba la temperatura que puede hacer en pleno glaciar"-. Llegaron dos o tres coches más y a las 9 nos pusimos a caminar, cuando aún el sol no había asomado por el Este, ni creo que lo hiciera durante todo el día.

Comenzamos a subir por el GR11 en dirección al Refugio de Renclusa, pronto tras pasar el cauce del río y dejar atrás las vallas de madera características giramos hacia al Barranco de Renclusa, dejando también las marcas rojas y blancas del GR. que se dirigen al Forau de Aigualluts. Así ganamos altura más bruscamente por la senda que da acceso al refugio.
Una primera subida que nos vino bien para calentar el cuerpo e ir quitando los topes a los músculos que llevábamos entumecidos, sorteando pinos y poco a poco saliendo a la plataforma donde se ubica el refugio.
En 40 minutos llegamos al refugio y entramos para hablar con Antonio, el guarda. Pero en esos momentos no pasaba por buenos momentos de salud y se encontraba abajo en la población.


Tras ver como la luna asomaba sobre el Pico Paderna reiniciamos la marcha rumbo al Portillón Superior, para llegar a él, preferimos utilizar el camino que asciende sobre la gran faja negra y por ello, tras salir del refugio pronto comenzamos a ganar altura hacia el Portillón Inferior.

Como preveíamos el sol no remontaba sobre la Cresta de los Portillones y el frío del Otoño era notable, ésto hacía que tras la nevada la poca nieve caída, hubiera mojado las rocas y el abrupto camino estuviera cuanto menos peligroso.


En poco más de una hora habíamos llegado a los 2600 metros, a las cercanías del Portillón Inferior y las nubes se estaban metiendo por todo el fondo del Valle de Benasque, una prueba más del frío en altura. Realizamos una parada para repostar y nuevamente continuamos rumbo al portillón deseado.


La nieve ya hacía acto de presencia y las rocas estaban salpicadas por trozos blancos que nos obligaban a tener cuidado donde pisar y sobre todo donde no meter la pierna. Era un tramo lento y costoso, un auténtico pedregal cubierto de nieve otoñal.

Fuimos ganando altura lentamente, tardamos otra hora en llegar a los 2800, donde la nieve ya era más continua y se trataba de un manto más homogéneo.


Además el sol ya nos dio por fin a nuestros entumecidos cuerpos y tras una breve canal llegamos al Portillon Superior, situado a casi 2900 metros de altitud.


El Aneto se veía esplendoroso al fondo, y nuestra cresta en condiciones bastante mixtas, así que realizamos otra parada antes de continuar descendiendo por el portillón. Realizamos perfectamente la fotosíntesis, aprovechando y ganando calorías de cada gramo de rayo de sol recibido y partimos hacia abajo.

En un principio el descenso estaba bien, pero pronto los bloques fueron un pequeño laberinto para nuestra paciencia, uno por aquí, otro por allá, por arriba, por el lado, y así meticulosamente, siguiendo un rastro de huella, de algunos osados pireneistas de contratemporada.


La verdad que tampoco teníamos excesiva prisa, así que nos lo tomamos con calma y sobre las 15:30 llegamos a una zona que podía ser la buena para dormir esa noche.

Zona de vivac y en verde el itinerario a realizar para la siguiente jornada.


A 3000 metros justo dejamos las mochilas y buscamos un lugar llano entre tanto bloque, la verdad es que no fue fácil encontrarlo y finalmente optamos por unos pocos metros cuadrados, acompañados de una pequeña plataforma rocosa sin nieve, lugar que podía ser nuestra cocina, nuestro comedor, nuestro salón de estar y nuestra terraza de atardecer a escasos 20 metros del inicio del hielo glaciar.


Por delante 3 horas de luz que nos dieron pie a disfrutar de todos los movimientos naturales de las nubes, desde un lugar particularmente hermoso.


Por encima nuestra, la Cresta del Maldito teñida de nieve y que nos creaba ciertas dudas sobre la posibilidad y viabilidad del plan del día 2. Y más si pensamos en que los días de otoño son muy cortos y sólo contábamos con 10 horas y poco de luz.


Las nubes se iban moviendo tanto arriba en la cresta, como abajo en el valle, mientras el sol cada vez iba perdiendo fuerza e iba coloreando de diversas tonalidades el horizonte.


Antes de las 17 el sol desapareció tras la Cresta del Maldito y la temperatura se desplomó, el termómetro bajó hasta los -5º y no nos quedó otra que meternos en los sacos y aguantar el tirón.

Finalmente nos echamos a dormir a las 19, poniendo el despertador a las 6:30 y rezando para que el sol el día siguiente saliera por el lugar indicado y despejado para nuestro beneficio.