miércoles, 15 de septiembre de 2010

CERVINO O MATTERHORN, historia de un sueño

Aquí os cuento un poco mi historia de esta mítica montaña que hace unos años era impensable para mí ascender.

Nos dirigimos a los Alpes suizos durante 15 días con la intención de aclimatar durante la primera semana y utilizar la segunda para intentar el ascenso. Para ello me acompañaban Alberto, Guille y Carol, estos dos últimos con la intención de hacer algunos trekkings y algún cuatromil y Alberto con la intención de formar una cordada de ascenso conmigo.
El planning varió al 4º día; Cuando estábamos a mitad de la aclimatación y en el Refugio de Kleinmatterhorn a 3800 metros, dispuestos al día siguiente a realizar el Pollux y el Castor, dos cuatromiles, un guía Suizo nos comunicó que se preveían fuertes nevadas a partir del día 7 y que posteriormente a esta fecha el ascenso al Cervino iba a ser totalmente imposible, ya que la montaña se iba a llenar de nieve y la arista Hornli iba a estar impracticable. Esa misma noche cambiamos de planes y en lugar de dirigirnos al día siguiente a los cuatromiles, nuestra dirección fue totalmente opuesta, íbamos a descender al valle para rehacer la mochila con lo necesario para acometer el ascenso al gigante Cervino.

Esa misma mañana del 5 de Septiembre descendimos los cuatro a Zermatt y desde allí a Tasch (nuestro campo base), hicimos las mochilas y rehicimos planes; Guille y Carol iban a intentar el Pollux y el Castor para el día siguiente y Alberto y yo íbamos a intentar el Cervino, a nosotros se unieron 2 amigos riojanos que nos encontramos en el camping y que venían fuertes de hacer el Mont Blanc días atrás. Así que todos con las mochilas llenas cogimos el último "taxi-freddy" y desde Zermatt tomamos el telecabina que nos subió a la estación de Schwarzsee a 2500 metros.
Con un ritmo lento ascendimos por una senda superseñalizada en dirección a Horlihute, rodeados de montañeros de los que nos diferenciaba una simple cosa, la mochila, este detalle era la diferencia de los que iban al refugio, de los que iban a jugar a otras cosas por encima de éste.

Una mezcla de sentimientos y de ideas, recorrían la mente, mientras con ritmo lento ascendía por la fácil senda viendo aquella esbelta silueta mil veces vista en libros y fotos de montaña.


A la vez que nervioso por el momento, una relativa tranquilidad me recorría todo el cuerpo, sabía que había hecho los deberes bien y ya estaba allí en la base de un sueño, con las cartas echadas. Había puesto todo de mi parte, ahora faltaba que la naturaleza, factor determinante e inexacto me concediera la oportunidad de llegar arriba con una meteorología decente.


La tarde se echaba, el sol se escondía tras los penachos de nubes que el cervino suelta a modo de volcán y cada vez me situaba más y más debajo de aquel picacho, que ya me ocultaba el sol por completo.
Los últimos montañeros descendían corriendo para coger el último telecabina y nosotros nos montamos en las primeras estribaciones de la Arista Hornli, cuando aún es senda, para ir zeteando y superando el escarpe rocoso que hay previo al refugio y donde ya se iba notando el frío de la tarde.


Tras casi 3 horas llegamos al Refugio de Hornli, allí nos recogieron las federaciones, para tenernos controlados y nos comentaron que a las 5 se levantaba la bandera para salir a cumbre, no pudiendo salir antes bajo ningún concepto. Así que mientras Alberto y yo descansábamos en el refugio, nuestros amigos riojanos hicieron una incursión hacia el primer tramo de ascenso para ver un poco la roca, y los primeros pasos que nos íbamos a encontrar al día siguiente a oscuras. Sin más y con la caída del sol, nos pegamos una buena cena y todos nos acostamos en las literas acinados, soñando que la siguiente jornada iba a ser una de las memorables en nuestra propia historia alpinística

DÍA 6 DE SEPTIEMBRE

Sonó el móvil,  bueno o más bien el jaleo anterior a la "tocata" nos despertó un poco. No había pasado muy buena noche, tenía a mi lado a Alberto y se había levantado en varias ocasiones, había dado muchas vueltas, además de haberle escuchado respirar un poco malamente durante toda la noche. Al poco de levantarnos no me tenía que decir nada ya supe que no iba a tirar hacia arriba y posteriormente en el desayuno me lo concretó, tenía mala cara y ésto sumado al derrumbe mental de no estar en condiciones el día exacto le minaba bastante.
Desayunamos y con un poco de tardanza por parte de los riojanos salimos para arriba los tres con el frontal en el casco y la cuerda en la mochila por si acaso. El resto de personas que subía para arriba se trataba de unos 20 guías con sus clientes todos encordados de dos en dos y entre los que nos infiltramos por medio.

Superconcentrado me enganché visualmente a uno de esos guías y tras ellos fuí ascendiendo una serie de chimeneas con buenos agarres y con un patio, que ni veía por la oscuridad ni la verdad me interesaba mucho.



Concentrado en la subida pronto perdí de vista a uno de los riojanos y posteriormente el otro me comentó que su compañero iba mal y que se iban a dar la vuelta los dos, ya que venían muy cansados del Mont Blanc. No había opción y muy mentalizado continué tras el guía y cliente siguiendo la fila de lucecillas y ganando altura con mucha rapidez.

Cuando en un paso se amontonaban varias cordadas, yo me quitaba la mochila y comía un puñado de frutos secos, bebía agua y partía un trozo de barrita, y así continuaba hacia arriba. El primer tramo era alucinante, siendo pasos fáciles era todo una canal contínua con pasos de II que no te dejaban respiro con el consiguiente problema que empezaba a nevar un poco.
Tras algo más de una hora me di cuenta que había elegido el guía perfecto, adelantábamos a otras cordadas y el hombre continuaba a buen ritmo aprovechándome yo de ello hasta que se acabó el chollo, realizaron una parada y me indicó con la cabeza que pasara, no tenía opción así que continué siguiendo las lucecillas de más arriba hasta llegar a un nuevo guía al que agarrarme visualmente.

Comenzaba a amanecer, la temperatura rondaba los -2ºC y el itinerario abandonó la arista para meterse en la parte izquierda de la cuerda, a unos 20 metros de la misma. Allí por una serie de travesías en roca complicadas por el hielo que había entre las mismas me hicieron pensar por primera vez en la vuelta.

La verdad que para subir bastaba con prestar atención, pero para descender qué?, seguía nevando y esto podía presentar un peligro para el descenso, pero la verdad que no le daba muchas vueltas y sabía que la clave para el ascenso era ir con una idea fija, que era subir, subir y subir más.

Por unos momentos pensé en ponerme los crampones pero observé que los guías iban sin ellos así que continué tras mi guía particular hasta llegar a la famosa "Placa Mosley", paso de III+, para mí IVº, se trataba de una especie de chimenea equipada con chapas que a diferencia del resto de la vía, tenía malos agarres. Echando un poco de morro me metí en el medio de una cordada que estaba parada y con la cuerda a tiro de un mordisco, realicé el paso no perdiendo de vista la cuerda por si tenía que tirarme a ella en caso de resbalón o caída.
Finalmente realicé el paso sin molestar y llegué a la Cabaña Solvay situada a 4.000 metros, paré un instante y comí de nuevo, luego vi que a partir de ese punto la niebla era muy densa y la roca ya había cogido la nieve, además entre los guías comentaban que hacía mucho viento ya que el itinerario ahora va directamente por la arista. Nuevamente se me pasó por la cabeza la idea de darme la vuelta, estaba solo en un océano pero vi una cordada que ascendían y se metían en la "Placa Mosley superior III+", en ese momento me tiré al océano a nadar.



Tras la cordada me metí en la Placa Mosley superior, más corta que la anterior pero más explosiva  salí a la arista donde el viento era bastante fuerte y la niebla me dejó ver por momentos el Glaciar Zmutt, esto me dio alas y por terreno más fácil pero más aéreo fui continuando enganchándome de nuevo a la siguiente cordada, en la que el guía hablaba incluso español.



 Al poco nos cruzamos con varias cordadas que venían de cumbre,,,, -cumbre, summitt?, -yes, yes, me respondieron , allí me dije, si estos pueden yo también y me lié a ascender observando que ya casi estaba a 4200 metros, a 250 del sueño y nada me podía echar atrás.



A pesar de no poder ver nada por la niebla y la ventisca (casi mejor así no veía los patios), me lié la manta a la cabeza y continué dejando al guía atrás.


Como yo no me aseguraba a ningún lado progresaba a más velocidad que ellos que tenían que estar montando reuniones con la cuerda y así llegué al hombro del cervino, zona en donde por una pala de nieve de unos 30º grados y de 60 metros atravesé para llegar a la arista.

Desde allí partían las famosas maromas del Cervino, cuerdas de un grosor considerable a las que te puedes agarrar para progresar mejor, así hice y dejando las cordadas de lado y esta vez a mi propio ritmo fui pasando una serie de chimeneas y algún paso de IV, que con la maroma era mucho más fácil.





Ahora el problema era otro; debido a que las maromas estaban empapadas de agua, se me habían mojado los guantes, sólo había subido unos de polartec y los tenía ya calados, el frío era considerable y el viento de Oeste fuerte no ayudaba mucho, tampoco podía guardarme las manos en los bolsillos ya que estaba todo repleto de agarres y de maromas a las que tenía que agarrarme. Así que sin pensar mucho en mi integridad y observando que estaba ya cerca de la cumbre, me dirigí hacia arriba resistiendo un poco el dolor y pensando más en los pasos que en las propias manos.



Subía enfilado hacia arriba cuando me encontré con una estatua de una virgen, -coño!,


nada más verla recordé en la guía que estaba situada en la antecumbre y feliz vi la arista final de nieve y la gente abrazándose unos metros más allá, aluciné en colores, sentí una alegría enorme y me fui a buscar mi sitio en la cima, ni siquiera me paré en la cumbre Suiza y me dirigí entre la niebla a la cumbre italiana descendiendo una pequeña brecha y pudiendo avistar al otro lado la cruz de hierro italiana.,


primeramente la hice una foto desde lejos y pensé: -joder, porque no subir hasta allí, y así hice, por un terreno helado y con mucho cuidado ascendí hasta la propia cruz.


Aunque las vistas eran nulas no paré de hacer fotos, pensé que alguna saldría bien y no dejé de encender la cámara para inmortalizar el momento y el lugar, que con el paso del tiempo siempre es lo que más recuerdas, lo que has visto en fotos.


Seguidamente y sin parar mucho, descendí de la cumbre italiana a la brecha y desde allí a la cumbre Suiza, que ahora estaba mucho más tranquila, tan tranquila que no había nadie, había formada una cornisa y clavé el piolet en la misma para hacerle una foto, tras la foto y cuando me iba a marchar, pensé que no iba a tener ninguna foto de cumbre, así que esperé unos 5 minutos a que subiera alguna cordada, mientras me metía las manos en los bolsillos para calentar los guantes un poco, cosa que había mejorado desde que había dejado de tocar las maromas.


Entre la niebla apareció una cordada más y pronto llegaron hasta el punto más alto, donde nos hicimos unas fotos mutuas y sin más comencé el largo descenso.

Con el itinerario conocido las cosas cambiaban por lo menos mentalmente, los tramos de maromas ya no me importaban mucho, ya que siempre iba agarrado y por muy difícil que fuera el paso la seguridad de una cuerda era mucha, posteriormente llegué a la diagonal de nieve que tampoco me supuso nada ya que la huella ya estaba muy abierta, y llegamos a la arista venteada, ésto ya era otra cosa.



 Allí me lo tomé con calma, poco a poco iba buscando los pasos más fáciles, observando los restos de arañazos de crampones para seguir el buen camino, y de cara a la pared destrepaba la roca con paciencia ayudándome de alguna cadena que había.



Tras varios pasos rocosos por la arista, fui llegando de nuevo a la "Placa Mosley superior", conociendo el paso durante la subida, decidí ir montando un rápel para bajar, para ello saqué la cuerda de la mochila y cuando lo estaba montando, llegó un guía suizo con prisa abriéndose paso, le dejé que metiera la cuerda primero y mientras bajaban los dos, observé que habían descendido por otro lugar por el que había subido yo, así que metí la cuerda en la mochila y fui destrepando por esa otra zona con los crampones puestos y metiendo las puntas delanteras en las fisurillas horizontales.

Así llegué a la Cabaña Solvay donde me encontré al guía de habla hispana y a su clienta, estuve hablando unos minutos con él mientras comía una barrita y un gel, aparte de beber agua.



Tras hacerme unas fotos con él inicié el descenso, ahora tocaba la Placa Mosley inferior un paso de IVº, que curiosamente con crampones se hacía mejor, hice un poco de trampas y me agarré a alguna chapa metálica con la mano para destrepar la placa y ahora llegaba al lugar que más me minaba en la cabeza y me inquietaba, lugar en donde había hielo durante el ascenso, curiosamente el hielo se había derretido con la lluvia y estaba todo mojado, tenía que ir con cuidado por la roca mojada, pero con buenos agarres no era tan peligroso como el hielo, así por esta zona ya empecé a creerme el ascenso del Cervino, fuí parando más para comer ya que me notaba bajo de fuerzas, quizás porque la tensión de ir concentrado iba descendiendo, pero a la vez era consciente de que era el momento donde suelen ocurrir los accidentes, por ello paré cada diez minutos a beber agua y destrepaba y descendía los tramos de poco en poco, hasta salir de la zona de niebla y poder avistar el refugio abajo.

Ya había algunos tramos de camino con hitos de piedras y siguiendo el sistema de chimeneas finales,,.....me embarqué!!. No se como había podido perder el sendero, había torcido en un bloque por otro lado y no sabía donde estaba, comencé a destrepar por una zona que no me sonaba y cuando llevaba 10 minutos escuché hablar a un guía unos 20 metros más arriba a la derecha; me miró, yo le miré, je,je,je y ganando un poco de altura me dirigí hacia él, tras un guiño continué por delante de ellos y en un nuevo punto no encontraba como seguir,,,pronto me gritó desde arriba, diuter, diuter,,,señalándome con la mano hacia la derecha, así da gusto y siguiendo la pequeña senda que ahora si existía llegué a la primera de las chimeneas, habilitada con 3 cables para subir y por donde bajé hasta tierra firme. Allí ante la atenta mirada de dos japonesas con grandes cámaras, me puse de rodillas y besé el suelo, mientras me decían congratulations!!.



Ya solo me separaban 4 minutos del refugio hasta donde llegué pletórico. Recogí mis cosas del refugio y tras comprobar que todos mis compañeros se habían bajado me dirigí a plena civilización.

Mientras descendía con la mochila me daba la vuelta, levantaba la vista y pensaba, -¿de ahí he bajado yo?, imposible. Y así seguí hasta el telecabina dándome dos o tres veces más la vuelta, más ancho que largo, más fuerte que el resto, más alto, más guapo,..... sentado en una gran nube, de esas en las que todos nos montamos cuando hacemos algo de lo que nos sentimos orgullosos y algo más, con la felicidad de haber cumplido un sueño, que hace dos o tres años hacia atrás ni siquiera lo era, ya que parecía una cosa impensable para mí.....



Al día siguiente el Cervino apareció así de nevado, el día 6 de Septiembre fué el último día de ascensos de la temporada, todos los guías se fueron a otras zonas de alpes debido a la gran nevada.



videomontaje, sube el volumen

miércoles, 24 de marzo de 2010

ETNA

¿Al Etna por qué?
Con el tercer año consecutivo al Atlas marroquí, dicha cordillera ya no era aquella cordillera soñada, había perdido un poco de misterio y durante el viaje de vuelta en el 2009 decidimos durante el vuelo que en el 2010 nos íbamos a tomar un respiro e íbamos a cambiar de rumbo. La búsqueda era clara: una montaña relativamente cercana, económica y que se pudiera realizar en un viaje de 4 días a lo mucho. Así surgió el Etna.
Lo tenía bastante claro y a finales de año comenté la jugada a mis compañeros, Carol no lo dudó y sacó el billete, por su parte se animaron Paco y Ángel y por la mía Bolo, además de Dani Moreno que se unió al grupo un par de meses antes del viaje. Algunos compañeros se quedaron en el camino por diversos motivos y así el grupo lo compusimos 6 personas, bastante diferentes entre sí, pero con un mismo objetivo, el Etna.



Para la preparación de la aventura, un mes antes mediante correos se comenzó a mover la cosa, llevando sobre todo Ángel la parte de búsqueda de información de mapas, vulcanología, alojamientos y Carol realizando la parte práctica y económica, como son realizar las reservas. Esta vez me había quedado liberado de cargos, pero ya me hacía falta ya que casi siempre estas tareas en otros viajes me tocaban a mí, por lo que era de agradecer que ya todo el trabajo de información lo hubieran hecho mis otros dos compañeros.
En el calendario pasaban los días volando y para cuando nos quisimos dar cuenta teníamos que partir para tierras italianas con todo bastante atado.
Llegó el día 18, día de nuestra partida, en un primer vuelo hacia Milán volaron los dos castellanos del viaje: el salmantino Ángel y el toledano Bolo, que ya para la hora de comer estaban en Milán. Los otros 4 integrantes, quedamos en la estación de Parla a las 17:00 y en Renfe nos dirigimos a la T1 de Barajas, donde llegamos con bastante tiempo para recolocar las mochilas, plastificarlas y facturar sin prisa. Así pasadas las 8 de la tarde, partimos rumbo a Milán, para llegar allí tras 2 horas más y donde nos esperaban nuestros otros dos integrantes.
Era la primera vez que nos encontrábamos juntos los 6 y la verdad que la cosa fue sobre ruedas, desde un primer momento observamos que iba a funcionar el grupo y nos dirigimos a una parte del aeropuerto bastante tranquila donde se encontraban los asientos más mullidos de todo el aeropuerto, además de una serie de pasillos para uso de personal del mismo que usurpamos para poder ir al servicio e incluso para aperruchar la pertinente máquina de bollos y zumos a precio de polígono. Tras las presentaciones y un buen bocadillo, cada uno de nosotros ocupamos uno de los sillones y acompañados por un negro, que roncaba como un jabalí y un nórdico que pasó bastante desapercibido intentamos conciliar el sueño.
No dormimos muy bien, con susto del jabalí incluido, para tocar diana a las 5. El desayuno lo compusieron unos zumos y bollos de máquina, y mientras facturábamos llegó la primera sorpresa del viaje; Paco se había equivocado al sacar el vuelo Milán-Catania . Y tirando de credit card pudimos solucionar el problema.Terminamos de facturar y tras la seguridad, pasamos entre Chanel, Toblerone, no nos entretuvimos mucho y nos dirigimos a la zona de embarque, para hacerlo en pocos minutos. El vuelo fue tranquilo a excepción de los últimos minutos, en donde comenzamos a ver el Etna por la ventanilla y alborotamos un poco el avión haciendo fotos, la primera impresión del Etna fue grandiosa, por la ventanilla parecía una mole impresionante y tenía bastante nieve cosa que incluso nos iba a venir bien. Aterrizamos en un aeropuerto tranquilo y cogimos las maletas para dirigirnos a la zona de información del aeropuerto, allí nos explicaron que debíamos de coger un bus hacia la estación central y tras sacar los billetes, a la parada nos dirigimos, observando el Etna a pie de tierra algunos kilómetros por encima de las casas. El bus llegó en seguida y en unos 15 minutos estábamos en la Estación Central, observando que Catania era una ciudad bastante negra y con mucha suciedad por las calles.
Tras algún pequeño regateo berebere, compramos los billetes oficiales en una heladería y esperamos tan solo 5 minutos antes de partir hacia Nicolosi. Un viejete que por allí andaba nos dijo que el trayecto era de una hora, pero el autobusero se empeñó en dar vueltas y recorriendo varios pueblos de las faldas del volcán, además de algunos problemas mecánicos, tardamos casi 2 horas en llegar a Nicolosi. Estábamos en la plaza del pueblo, en información nos comentaron que no había sendero posible y que la única forma de subir a la estación de Etna Sud era a pata por la carretera,,, uff, que tostón!. Nos cambiamos de ropa en los bancos del parque, a modo mendigo y compramos unos bollos deliciosos en una pastelería donde hicimos un poco la rosca para que nos dejaran depositar las mochilas con la ropa sobrante.
Así partimos con lo puesto rumbo al Etna, primero por las calles de Nicolosí y luego por unas urbanizaciones con pinos situadas a las afueras. Hacía bastante calor, marcaba 15º el termómetro y en manga corta ascendíamos por el asfalto tomando curvas y dejando atrás todas las edificaciones. La vegetación desapareció y continuamos el trayecto por la carretera rodeados de coladas de lava, con el Etna presidiendo todas ellas. Tras algo más de dos horas de marcha hicimos una parada en un bar de carretera, donde nos tomamos unas birras para amenizar el camino. Desde este punto el sol comenzó a caer, al igual que la tarde y hasta las narices de la carretera intentamos atrochar por varias pistas, y alguna que otra curva por los bloques de lava directamente. Finalmente el sol cayó y nosotros en la tentación de cortar las numerosas curvas que hacía la carretera, así que cada uno a su ritmo atrochando por las coladas, por lo menos para sentir que ascendemos por un volcán. El último tramo lo hicimos por la carretera, nos juntamos los 6 y llegamos ya de noche el Hotel Corsaro, nos atendieron fenomenal y nos repartieron en dos habitaciones, en donde nos duchamos, descansamos y cenamos en un buffet espectacular repleto de comida. Tras la cena, un poco de lava de volcán y unos juegos de cartas de Paco nos acabaron de atolondrar para meternos en el sobre pronto ya que la jornada próxima iba a ser dura.
El despertador sonó a las 5, bueno aunque Jose ya se había fumado dos pitis a esas horas. Mientras amanecía, desayunamos en la habitación y terminamos de vestirnos de gala y realizar las mochilas para quedar a las 6 con nuestros compis de la otra habitación.


A esa misma hora, ya era de día total y además con unos 5ºC partimos hacia arriba, primeramente caminando unos 200 metros por la carretera y después tomando las primeras palas de nieve, en un estado duro perfecto para caminar. Íbamos dejando los remontes de la estación de esquí a la derecha, mientras la nube de gases de la cumbre cada vez se hacía más grande. Poco a poco con buena letra fuimos ascendiendo, observando los primeros boquetes volcánicos con la compañía de un perro y del sol reflejando en el Mar Mediterráneo. Podíamos ver los dos cráteres del Sur y en lugar de dirigirnos hacia la Montagnola, situada más a la derecha, nos dirigimos hacia un leve collado para evitar en la medida de lo posible las nubes de gases. Desde el collado el panorama era increíble, no podíamos imaginar que la nube fuera tan grande y tras un descanso ascendimos dejando la Torre del Filósofo a la derecha y pasando junto a una pequeña caseta con algún aparato para mediciones. Debido a la nube, cambiamos el rumbo bruscamente y nos dirigimos hacia el NW, con la intención de por la ladera bordear los cráteres, así progresivamente fuimos ascendiendo poca altura para llegar a la propia ladera del cráter central, donde encontramos un tramo sin nieve para aprovechar a comer algo y descansar.
La nube no nos engulló, y continuamos ascendiendo por la ladera bordeando el cráter, por tramos mixtos hasta llegar a un collado, situado en una zona donde salía gas por todos lados, por fin ya era el cráter central, estábamos a 2200 metros.


Allí nos pusimos las mascarillas y por una especie de cresta volcánica nos dirigimos hacia un alto, la cumbre del cráter central.




Todo fue alegría entre nubes, parecía niebla y tras unos minutos Dani y yo nos dirigimos hacia el cráter Norte haciendo dos grupos. Unos investigamos la circunferencia del cráter central y los otros la del Norte, algo más alta.




Tras maravillarnos con las fotos y alucinar con las emanaciones decidimos descender por el mismo lugar que habíamos subido, saliendo de las nubes en pocos minutos. Con bastante tranquilidad fuimos perdiendo altura bordeando de nuevo el cráter y juntándonos en la zona de Torre del filósofo entre surferos de nieve y tras hacer una nueva visita a otro cráter cercano. Desde esta zona hacia abajo, todo fue descender por nieve blanda y charlar entre nosotros con el sol en todo lo alto calentando de lo lindo.
Tras algo más de 10 horas llegamos al hotel, antes de ducharnos preparamos una timba en la terraza del mismo para aprovechar los últimos rayos y cuando la temperatura descendió en exceso a los habitáculos y a ducharnos. La cena de buffet, corramos un tupido velo,, hasta reventar. Y después unos “limoncelos” para amenizar la noche y digerir tal ingesta.
A la mañana siguiente contratamos un taxi para bajar a Nicolosi, pedimos las mochilas en la pastelería e hicimos un gasto, aunque tampoco hubo que forzar mucho para sentarnos en la terraza y pasar un buen rato. Desde allí a 40 metros la parada de autobús, en donde cuando estábamos mirando los horarios llego el que nos iba a bajar a Nicolosi y en 1 minuto ya sentados. Con el autobusero kamikaze en menos de una hora estábamos en la estación de autobús de Catania, desde donde pateamos cargaditos algunas calles para llegar a nuestro Bed and Breakfast situado en un pseudolavapiés a lo guarro. Algunos trámites con los hippies, estas son las llaves, este el mapa y de turismo por Catania,, eso sí, primero a la playa.


Desde estos momentos la consciencia fue disminuyendo: una playa con cantos como televisiones, unos “aranchinis” de arroz sentados en el suelo, un anfiteatro semienterrado, el minivaticano con un elefante de basalto, la fiesta hippie de la primavera, un castillo sin almenas, un helado, otro helado, el teatro Bellini y al hotel. ¿Qué habéis dicho, fiesta de la primavera?...........................

domingo, 5 de julio de 2009

Tocllaraju 6.032 mts. (Cordillera Blanca) Perú

3 DE JULIO DEL 2009

Tocllaraju desde el Campo Base

Por fin llegamos al campo 1 del " Toclla ", me encontraba fuerte, no me había dado mal de altura y tan siquiera sufría dolor de cabeza, no podía decir lo mismo Santiago, desde el primer día había sufrido en sus carnes los males de la montaña, su mala aclimatación a la altura le había costado la cumbre del Ishinca y casi le cuesta  la del Urus en donde tuve que ir tirando de él casi hasta la misma cumbre.


Sabíamos que se trataba del campo 1 situado a 5.100 metros porque el porteador que habíamos contratado nos había dejado la carga en un altillo de nieve, el paraje era verdaderamente espectacular, quizás el lugar más espectacular donde haya dormido, situados sobre un glaciar por arriba se levantaban las caras oeste del Tocllaraju y Palcaraju,


 picos de más de 6.000 metros, sus glaciares bajaban por delante nuestra a romper en la Laguna de Milliacuocha, cualquier cosa que se te cayese podía acabar 400 metros más abajo entre grietas.


El Huascarán como siempre sobresalía entre las demás aunque esta vez lo tapaban las nubes y delante el "Copa", el "Paccharaju" otros dos colosos agrietados.



un poco de música para terminar la jornada.

El cielo estaba bastante cubierto y amenazaba a posible nevada por la tarde, por lo que montamos la tienda pronto para posible resguardo, esta vez Santiago se encontraba mejor parecía que estaba aclimatando en condiciones y tenía que ser así porque la jornada de cumbre no podíamos tener dudas de ningún tipo y teníamos que ir encordados de principio a fin, además teníamos que mantener un ritmo propicio para llegar y no pasarlo mal en el descenso.


Aprovechamos la tarde para descansar, mientras veíamos pasar por delante de la tienda algún grupo más de alpinistas que acamparon a 100 metros de nosotros. La tarde se me hizo eterna entre estruendos de aludes en la Cara Este del Palcaraju, cada uno con sus cascos de música, escribiendo en mi diario y dándole vueltas a la cabeza sí íbamos a ser capaces de superar las dificultades técnicas sobre todo del último tramo de cumbre, "el hongo de nieve", parece ser que según nos contaron los italianos, estaba muy abierta la rimaya del hongo y se abría una pared de 4 metros extraplomada a superar, ellos habían llegado hasta allí el día anterior y se habían quedado a 100 metros de cumbre.



Un tanto aburrido y nervioso (ante tal frío, día oscuro y la aludes constantes en el Palcaraju)  me dirigí a las tiendas de los compañeros de campamento, resulta que eran tres grupos independientes: unos japoneses con guías, unos "hippyes" americanos de California que querían subir por la pared Este directamente y unos alemanes con guías también, estuve hablando con ellos un rato con mi inglés "a nivel de usuario" y nos prestaron su ayuda para lo que quisiéramos mientras comenzaba a nevar levemente, nos despedimos deseándonos suerte para la jornada próxima.
 
Mientras la montaña nos comenzaba a regalar uno de esos momentos mágicos, la ladera del Nevado de Palcaraju comenzó a teñirse de colores cálidos, al igual que sus glaciares y toda nuestra atención se puso en los momentos del ocaso.
 
 
Los compañeros de otras expediciones comenzaron a salir de sus tiendas para disfrutar de un momento como éstos en donde a pesar del cansancio, el esfuerzo y la falta de oxígeno, el cuerpo humano se mueve siguiendo sus emociones, en este caso inexplicables ante tal belleza.
 
 
En el horizonte comenzaba a trazarse una línea de fuego entre las oscuras nubes y la Cordillera Negra y delante el Nevado Urus como "torre de Mordor" en la famosa saga del Señor de los Anillos.
 
 
Anonadados no paramos de hacer fotos mientras la luz iba menguando por segundos y el sol se comenzaba a meter tras la Cordillera Negra
 

 
Nos acostamos a las 19:00 horas, la temperatura había descendido hasta unos -10º y las nubes no se habían disipado con el ocaso por lo que las dudas se instalaron en la tienda. Quizás en una expedición con guías o logística en estos momentos descansas pensando en que el guía decidirá qué y cómo hacerlo, pero cuando estás sólo, en medio de glaciares, a 5.100 metros en los andes, tu compañero está mal y hace mal tiempo, te encuentras muy muy solo y a merced de la montaña.
 
4 DE JULIO DEL 2009, DÍA DE CUMBRE
 
extracto del diario: "La noche se hace interminable, a 5.100 metros se duerme muy mal, no logro conciliar el sueño ni media hora seguida, sobre las 22:00 horas me ha dicho Santi que ha despejado por lo que tiraremos hacia arriba".
 
Llegó la 01:00 de la mañana ha sonado el despertador y ha Santiago le duele la cabeza para variar aunque decide tirar hacia arriba, ¡lo intentaremos!, comenzamos a ver los frontales de los compañeros del campamento así que trataremos de seguir su estela ya que hay varios guías en los grupos. Ya salimos tarde debido a las medicinas de Santi y durante la primera hora de caminata paramos unas 6 veces, vamos francamente mal se nos han escapado los grupos de delante y sobre las 3:15 hacemos una pequeño gabinete de crisis, me dice Santiago que para subir tiene que ir a ese ritmo y hemos tardado una hora en recorrer 100 metros de desnivel sin dificultades técnicas, así que emplear 10 horas de subida es inviable así que decidimos dar la vuelta.
Tras descender unos metros me encuentro con una cordada de italianos con los que había coincido en el Ishinca, venían directamente desde el campo base y subían en dos cordadas, a la primera cordada intenté comentarle de la idea de acoplarme con ellos y me dijeron rotundamente que no, en la segunda cordada hablé con el guía peruano y me dijo que él no podía opinar sobre esto, que hablara con el jefe de expedición italiano situado más atrás en la cordada y ésta era mi última posibilidad, así que tras preguntarle se quedó un tanto parado, les comenté que no iba a ser ningún lastre ya que había hecho días atrás los Nevados de Urus y de Ishinca de 5.500 ambos y que había pasado ya dos noches a 5.000 metros. No se si fue la cara de pena que les puse o su amabilidad pero el caso es que me aceptaron en su cordada y me despedí de Santiago a escasos 300 metros lineales del Campo 1, zona sin grietas, ni peligro para él.
 
Una vez en la cordada, vi que ascendían con mucha rapidez, incluso iba bastante pasado de ritmo y de pulsaciones, en un primer momento pensé que lo hacían para ponerme a prueba si era capaz de ascender con ellos sin problemas y "callado como una puta" no me queje y ponía buena cara a todas sus preguntas en italiano por unas rampas durísimas.
Llegaron las grietas, pasamos unas por la derecha, otras por la izquierda e incluso bajo un serac tuvimos que montar una cuerda para superar un primer resalte de 3 metros verticales, momentos en los que aproveché para tomar aliento mientras el cielo continuaba estrellado.
 
Recorrimos una ladera de unos 40º y el ritmo era continuo en la cordada, cuando iba a llegar al límite de mis pulsaciones, uno de los italianos levantaba la voz para parar, así que este compañero me iba a ayudar a aguantar el fuerte ritmo del guía peruano. Salimos a la larga arista cimera, desde allí la pendiente era mayor aunque en un primer tramo sólo era una ladera tendida hasta que llegamos a la zona entretenida, una ladera a 60º en donde subimos con los dos piolet, tras pasar ese tramo empinado y mientras amanecía ya pudimos divisar el último y más entretenido de todos,
 

 una zona de serac caídos por donde pasamos a toda prisa por si le daba por caer alguno más, daba paso a la gran rimaya, una grieta abierta en la base del hongo de cumbre, este era el lugar donde se habían dado la vuelta los italianos de la jornada anterior, pero hoy parecía haber huella abierta por un lateral de la grieta, eso sí con unos pasos en un puente de nieve y un patio enorme.
 

 
 
El guía peruano camino unos metros por el puente de nieve entre grietas, bordeando la principal y más abierta por la izquierda se montó en el lomo del hongo por donde ascendió hasta la parte alta del mismo, allí montó reunión y nos tiró la cuerda para ir subiendo nosotros. Tras superar el paso teníamos por delante una estética y delgada arista donde ya había huella,
 
 
verdaderamente era un lugar increíble por donde caminábamos, por la fina arista llegamos a un nuevo resalte de un segundo hongo en donde había un grupo esperando para ascender, esperamos unos minutos y ya notaba como los pies se me estaban quedando helados de tanto parón menos mal que el sol estaba saliendo por encima de las nubes en el horizonte e iba a comenzar a calentar. 
 

Superamos el segundo hongo por un paso de 4 metros verticales a 90º, asegurados por el guía y continuamos hacia cumbre por una fácil ladera poco inclinada, ¡¡ bien !! delante del horizonte azul ya no había más montaña, la ladera comenzaba a bajar, eso quiere decir que estábamos en cumbre., nos abrazamos todos, uno de los italianos rompió a llorar como un niño y el resto lo abrazamos para consolarle, habíamos llegado por fin a cumbre, había superado los 6.000 metros por primera vez y estaba de subidón, era increíble el lugar miraras a donde miraras, todo repleto de glaciares y altas montañas.

 
Me hicieron una foto con la "bandera" de mi localidad, mientras me preguntaba el guía por el "cóndor" de la bandera, a ver como le explicaba yo a 6.000 metros que esto era una avutarda.
Hacia el Norte podía distinguir montañas de sueño: los Huandoys, el Huascarán, Alpamayo, Chopicalquí, Pisco, etc..


Y hacia el Sur el Chinchey y el grandioso Nevado de Huantsan de casi 6.400 metros.


Con viento nulo y a -8ºC intenté comer algo y beber, cuando de nuestro "letargo alucinógeno" nos sacó el guía al tiempo que nos instaba a iniciar el entretenido descenso, aprovechamos el último segundo para hacer fotos e iniciamos el descenso por la ladera nevada de poca inclinación.

 
Pronto llegamos al resalte de 4 metros en donde había una estaca de cerca de un metro clavada en el hielo, allí iniciamos un primer rápel hasta la fina arista


y la recorrimos hasta una nueva estaca donde se iniciaba el rápel del segundo hongo u hongo principal. Rápel bastante curioso ya que descendías por la ladera de 50º hasta el labio del hongo, donde el rápel era volado y el destino era el interior de la grieta, allí con otra cuerda te tiraban hacia fuera para llegar al borde de la grieta y ya poder salir de la misma a zona "más segura".

 
 

Esperando a que mis compañeros bajaran la Quebrada de Pacliash hacia el Oeste con su laguna.
 


 Ya todos fuera del hongo, comenzamos a descender por las pendientes medias de 40º, teniendo precauciones en no caer, intentando salir de aquel mar de grietas y hielo.
 

 

 
Al llegar a la ladera de 60º, la destrepamos con piolet tracción cara a la ladera y continuamos la marcha ya más tranquilos y relajados


Aún nos quedaban algunos seracs antes de llegar al Campo 1, en donde la nieve reblandecida aún nos podía dar algún susto.

 
Tras unas 10 horas de actividad ya teníamos cerca el Campo 1, ya podía ver nuestra tienda amarilla y el terreno era sin problemas, me extrañó no ver a Santiago por allí fuera o la tienda ya desmontada y tras llegar le encontré en el interior con los cascos puestos y metido en el saco escuchando música. Me despedí dándole las gracias de los amigos italianos y peruanos mientras les di una propinilla en soles peruanos, lo equivalente a una jornada de un guía.


 
 extracto del diario: "Me encuentro muy cansado, tengo un leve dolor de cabeza, creo que es por falta de comer y de hidratación, desciendo al Campo Base".

Tras descansar unos minutos junto a la tienda, comer y beber en abundancia, Santiago continuó con sus cascos y cuando me disponía a recoger para descender al base vi que estaba usando mi esterilla, habiendo dejado mi saco en el suelo de la tienda donde se había mojado por el agua de la nieve, estaba claro que no éramos buen matrimonio, ni tan siquiera de conveniencia. Le comenté que me dolía la cabeza y que iba a descender al Campo Base y el me dijo que el iba a comer tranquilamente antes de bajar, por lo que desmonté la tienda y guardé mi mitad de carga para descender al base yo solo mientras él hacía sus cosas.

No tardé mucho en perder altura por la morrena y llegar al campamento base de Ishinca donde teníamos montada la otra tienda y donde me volví a encontrar con los compañeros italianos y peruanos, nos tomamos unas "Inka kolas" en el refugio para despedirme de ellos de buena manera y nos deseamos suerte para los próximos objetivos: Huascarán.

extracto del diario: "Ya no me duele la cabeza, eso sí algo el juanete derecho y la rodilla por sobrecarga, tras pasar una tarde tranquila en el valle de Ishinca, me he recuperado bien, comemos y cenamos en el refugio al fuego de la hoguera, hacemos las paces y solucionamos fricciones", mañana bajamos a Huaraz donde tenemos día de descanso"