domingo, 5 de julio de 2009

Tocllaraju 6.032 mts. (Cordillera Blanca) Perú

3 DE JULIO DEL 2009

Tocllaraju desde el Campo Base

Por fin llegamos al campo 1 del " Toclla ", me encontraba fuerte, no me había dado mal de altura y tan siquiera sufría dolor de cabeza, no podía decir lo mismo Santiago, desde el primer día había sufrido en sus carnes los males de la montaña, su mala aclimatación a la altura le había costado la cumbre del Ishinca y casi le cuesta  la del Urus en donde tuve que ir tirando de él casi hasta la misma cumbre.


Sabíamos que se trataba del campo 1 situado a 5.100 metros porque el porteador que habíamos contratado nos había dejado la carga en un altillo de nieve, el paraje era verdaderamente espectacular, quizás el lugar más espectacular donde haya dormido, situados sobre un glaciar por arriba se levantaban las caras oeste del Tocllaraju y Palcaraju,


 picos de más de 6.000 metros, sus glaciares bajaban por delante nuestra a romper en la Laguna de Milliacuocha, cualquier cosa que se te cayese podía acabar 400 metros más abajo entre grietas.


El Huascarán como siempre sobresalía entre las demás aunque esta vez lo tapaban las nubes y delante el "Copa", el "Paccharaju" otros dos colosos agrietados.



un poco de música para terminar la jornada.

El cielo estaba bastante cubierto y amenazaba a posible nevada por la tarde, por lo que montamos la tienda pronto para posible resguardo, esta vez Santiago se encontraba mejor parecía que estaba aclimatando en condiciones y tenía que ser así porque la jornada de cumbre no podíamos tener dudas de ningún tipo y teníamos que ir encordados de principio a fin, además teníamos que mantener un ritmo propicio para llegar y no pasarlo mal en el descenso.


Aprovechamos la tarde para descansar, mientras veíamos pasar por delante de la tienda algún grupo más de alpinistas que acamparon a 100 metros de nosotros. La tarde se me hizo eterna entre estruendos de aludes en la Cara Este del Palcaraju, cada uno con sus cascos de música, escribiendo en mi diario y dándole vueltas a la cabeza sí íbamos a ser capaces de superar las dificultades técnicas sobre todo del último tramo de cumbre, "el hongo de nieve", parece ser que según nos contaron los italianos, estaba muy abierta la rimaya del hongo y se abría una pared de 4 metros extraplomada a superar, ellos habían llegado hasta allí el día anterior y se habían quedado a 100 metros de cumbre.



Un tanto aburrido y nervioso (ante tal frío, día oscuro y la aludes constantes en el Palcaraju)  me dirigí a las tiendas de los compañeros de campamento, resulta que eran tres grupos independientes: unos japoneses con guías, unos "hippyes" americanos de California que querían subir por la pared Este directamente y unos alemanes con guías también, estuve hablando con ellos un rato con mi inglés "a nivel de usuario" y nos prestaron su ayuda para lo que quisiéramos mientras comenzaba a nevar levemente, nos despedimos deseándonos suerte para la jornada próxima.
 
Mientras la montaña nos comenzaba a regalar uno de esos momentos mágicos, la ladera del Nevado de Palcaraju comenzó a teñirse de colores cálidos, al igual que sus glaciares y toda nuestra atención se puso en los momentos del ocaso.
 
 
Los compañeros de otras expediciones comenzaron a salir de sus tiendas para disfrutar de un momento como éstos en donde a pesar del cansancio, el esfuerzo y la falta de oxígeno, el cuerpo humano se mueve siguiendo sus emociones, en este caso inexplicables ante tal belleza.
 
 
En el horizonte comenzaba a trazarse una línea de fuego entre las oscuras nubes y la Cordillera Negra y delante el Nevado Urus como "torre de Mordor" en la famosa saga del Señor de los Anillos.
 
 
Anonadados no paramos de hacer fotos mientras la luz iba menguando por segundos y el sol se comenzaba a meter tras la Cordillera Negra
 

 
Nos acostamos a las 19:00 horas, la temperatura había descendido hasta unos -10º y las nubes no se habían disipado con el ocaso por lo que las dudas se instalaron en la tienda. Quizás en una expedición con guías o logística en estos momentos descansas pensando en que el guía decidirá qué y cómo hacerlo, pero cuando estás sólo, en medio de glaciares, a 5.100 metros en los andes, tu compañero está mal y hace mal tiempo, te encuentras muy muy solo y a merced de la montaña.
 
4 DE JULIO DEL 2009, DÍA DE CUMBRE
 
extracto del diario: "La noche se hace interminable, a 5.100 metros se duerme muy mal, no logro conciliar el sueño ni media hora seguida, sobre las 22:00 horas me ha dicho Santi que ha despejado por lo que tiraremos hacia arriba".
 
Llegó la 01:00 de la mañana ha sonado el despertador y ha Santiago le duele la cabeza para variar aunque decide tirar hacia arriba, ¡lo intentaremos!, comenzamos a ver los frontales de los compañeros del campamento así que trataremos de seguir su estela ya que hay varios guías en los grupos. Ya salimos tarde debido a las medicinas de Santi y durante la primera hora de caminata paramos unas 6 veces, vamos francamente mal se nos han escapado los grupos de delante y sobre las 3:15 hacemos una pequeño gabinete de crisis, me dice Santiago que para subir tiene que ir a ese ritmo y hemos tardado una hora en recorrer 100 metros de desnivel sin dificultades técnicas, así que emplear 10 horas de subida es inviable así que decidimos dar la vuelta.
Tras descender unos metros me encuentro con una cordada de italianos con los que había coincido en el Ishinca, venían directamente desde el campo base y subían en dos cordadas, a la primera cordada intenté comentarle de la idea de acoplarme con ellos y me dijeron rotundamente que no, en la segunda cordada hablé con el guía peruano y me dijo que él no podía opinar sobre esto, que hablara con el jefe de expedición italiano situado más atrás en la cordada y ésta era mi última posibilidad, así que tras preguntarle se quedó un tanto parado, les comenté que no iba a ser ningún lastre ya que había hecho días atrás los Nevados de Urus y de Ishinca de 5.500 ambos y que había pasado ya dos noches a 5.000 metros. No se si fue la cara de pena que les puse o su amabilidad pero el caso es que me aceptaron en su cordada y me despedí de Santiago a escasos 300 metros lineales del Campo 1, zona sin grietas, ni peligro para él.
 
Una vez en la cordada, vi que ascendían con mucha rapidez, incluso iba bastante pasado de ritmo y de pulsaciones, en un primer momento pensé que lo hacían para ponerme a prueba si era capaz de ascender con ellos sin problemas y "callado como una puta" no me queje y ponía buena cara a todas sus preguntas en italiano por unas rampas durísimas.
Llegaron las grietas, pasamos unas por la derecha, otras por la izquierda e incluso bajo un serac tuvimos que montar una cuerda para superar un primer resalte de 3 metros verticales, momentos en los que aproveché para tomar aliento mientras el cielo continuaba estrellado.
 
Recorrimos una ladera de unos 40º y el ritmo era continuo en la cordada, cuando iba a llegar al límite de mis pulsaciones, uno de los italianos levantaba la voz para parar, así que este compañero me iba a ayudar a aguantar el fuerte ritmo del guía peruano. Salimos a la larga arista cimera, desde allí la pendiente era mayor aunque en un primer tramo sólo era una ladera tendida hasta que llegamos a la zona entretenida, una ladera a 60º en donde subimos con los dos piolet, tras pasar ese tramo empinado y mientras amanecía ya pudimos divisar el último y más entretenido de todos,
 

 una zona de serac caídos por donde pasamos a toda prisa por si le daba por caer alguno más, daba paso a la gran rimaya, una grieta abierta en la base del hongo de cumbre, este era el lugar donde se habían dado la vuelta los italianos de la jornada anterior, pero hoy parecía haber huella abierta por un lateral de la grieta, eso sí con unos pasos en un puente de nieve y un patio enorme.
 

 
 
El guía peruano camino unos metros por el puente de nieve entre grietas, bordeando la principal y más abierta por la izquierda se montó en el lomo del hongo por donde ascendió hasta la parte alta del mismo, allí montó reunión y nos tiró la cuerda para ir subiendo nosotros. Tras superar el paso teníamos por delante una estética y delgada arista donde ya había huella,
 
 
verdaderamente era un lugar increíble por donde caminábamos, por la fina arista llegamos a un nuevo resalte de un segundo hongo en donde había un grupo esperando para ascender, esperamos unos minutos y ya notaba como los pies se me estaban quedando helados de tanto parón menos mal que el sol estaba saliendo por encima de las nubes en el horizonte e iba a comenzar a calentar. 
 

Superamos el segundo hongo por un paso de 4 metros verticales a 90º, asegurados por el guía y continuamos hacia cumbre por una fácil ladera poco inclinada, ¡¡ bien !! delante del horizonte azul ya no había más montaña, la ladera comenzaba a bajar, eso quiere decir que estábamos en cumbre., nos abrazamos todos, uno de los italianos rompió a llorar como un niño y el resto lo abrazamos para consolarle, habíamos llegado por fin a cumbre, había superado los 6.000 metros por primera vez y estaba de subidón, era increíble el lugar miraras a donde miraras, todo repleto de glaciares y altas montañas.

 
Me hicieron una foto con la "bandera" de mi localidad, mientras me preguntaba el guía por el "cóndor" de la bandera, a ver como le explicaba yo a 6.000 metros que esto era una avutarda.
Hacia el Norte podía distinguir montañas de sueño: los Huandoys, el Huascarán, Alpamayo, Chopicalquí, Pisco, etc..


Y hacia el Sur el Chinchey y el grandioso Nevado de Huantsan de casi 6.400 metros.


Con viento nulo y a -8ºC intenté comer algo y beber, cuando de nuestro "letargo alucinógeno" nos sacó el guía al tiempo que nos instaba a iniciar el entretenido descenso, aprovechamos el último segundo para hacer fotos e iniciamos el descenso por la ladera nevada de poca inclinación.

 
Pronto llegamos al resalte de 4 metros en donde había una estaca de cerca de un metro clavada en el hielo, allí iniciamos un primer rápel hasta la fina arista


y la recorrimos hasta una nueva estaca donde se iniciaba el rápel del segundo hongo u hongo principal. Rápel bastante curioso ya que descendías por la ladera de 50º hasta el labio del hongo, donde el rápel era volado y el destino era el interior de la grieta, allí con otra cuerda te tiraban hacia fuera para llegar al borde de la grieta y ya poder salir de la misma a zona "más segura".

 
 

Esperando a que mis compañeros bajaran la Quebrada de Pacliash hacia el Oeste con su laguna.
 


 Ya todos fuera del hongo, comenzamos a descender por las pendientes medias de 40º, teniendo precauciones en no caer, intentando salir de aquel mar de grietas y hielo.
 

 

 
Al llegar a la ladera de 60º, la destrepamos con piolet tracción cara a la ladera y continuamos la marcha ya más tranquilos y relajados


Aún nos quedaban algunos seracs antes de llegar al Campo 1, en donde la nieve reblandecida aún nos podía dar algún susto.

 
Tras unas 10 horas de actividad ya teníamos cerca el Campo 1, ya podía ver nuestra tienda amarilla y el terreno era sin problemas, me extrañó no ver a Santiago por allí fuera o la tienda ya desmontada y tras llegar le encontré en el interior con los cascos puestos y metido en el saco escuchando música. Me despedí dándole las gracias de los amigos italianos y peruanos mientras les di una propinilla en soles peruanos, lo equivalente a una jornada de un guía.


 
 extracto del diario: "Me encuentro muy cansado, tengo un leve dolor de cabeza, creo que es por falta de comer y de hidratación, desciendo al Campo Base".

Tras descansar unos minutos junto a la tienda, comer y beber en abundancia, Santiago continuó con sus cascos y cuando me disponía a recoger para descender al base vi que estaba usando mi esterilla, habiendo dejado mi saco en el suelo de la tienda donde se había mojado por el agua de la nieve, estaba claro que no éramos buen matrimonio, ni tan siquiera de conveniencia. Le comenté que me dolía la cabeza y que iba a descender al Campo Base y el me dijo que el iba a comer tranquilamente antes de bajar, por lo que desmonté la tienda y guardé mi mitad de carga para descender al base yo solo mientras él hacía sus cosas.

No tardé mucho en perder altura por la morrena y llegar al campamento base de Ishinca donde teníamos montada la otra tienda y donde me volví a encontrar con los compañeros italianos y peruanos, nos tomamos unas "Inka kolas" en el refugio para despedirme de ellos de buena manera y nos deseamos suerte para los próximos objetivos: Huascarán.

extracto del diario: "Ya no me duele la cabeza, eso sí algo el juanete derecho y la rodilla por sobrecarga, tras pasar una tarde tranquila en el valle de Ishinca, me he recuperado bien, comemos y cenamos en el refugio al fuego de la hoguera, hacemos las paces y solucionamos fricciones", mañana bajamos a Huaraz donde tenemos día de descanso"
 

 


 
 
 
 
 
 
 



 


 
 
 


domingo, 8 de marzo de 2009

Norte del Almanzor, 200 mts. AD+ (dedicada a JK)

croquis original by pele
Partimos Juan y yo el Viernes hacia Gredos con la idea de realizar un viejo sueño, como era la Norte del Almanzor, para ello nos dirigimos a Hoyos del Espino donde había estado nevando dos días atrás y donde el viento se había llevado parte de esa nieve, que aún dejaba algunas zonas manchadas de blanco. Tras hacer un poco de tiempo para que se echara la noche, nos dirigimos a un Refugio de Pescadores cercano a la Plataforma y donde en otras ocasiones habíamos dormido. Cuando llegamos estábamos solos pero tras la cena, llegaron un trío de Albacete y otro de Ciudad Real, los manchegos nos rodearon y nos incomodaron la estancia, ya que corrieron los petas, la bota de vino y la música que tan mal suena en estos lugares de montaña. Pero el cansancio nos podía más que los manchegos y en los sacos caímos entre las extrañas conversaciones.
El sábado madrugamos bastante, y tras el desayuno nos dirigimos hasta la plataforma, en donde ya había algunos coches. Hacía unos 3ºC y corría un poco de viento del Norte, terminamos de preparar las mochilas y nos las echamos a la espalda observando que la aproximación iba a ser un suplicio. Ya había nieve desde el comienzo como preveíamos y extrañamente en estas fechas nada de hielo, (normal con estas temperaturas). Así fuimos ascendiendo por la huella abierta y atravesando el Prado de las Pozas, se iba mejor por los laterales del camino en donde la nieve estaba dura, a la vez que perfecta para progresar por ella.

Cruzamos el puente del Arroyo de las Pozas en donde no se veía agua alguna, tapada por la nieve y comenzamos el vía crucis de los Barrerones, menos mal que con la cantidad de nieve que había la huella en lugar de ir por el camino, ahorraba unas cuantas zetas y se dirigía en línea recta hacia la parte alta.


El sol comenzaba a pegar, pero cuanto más nos aproximábamos a los Barrerones el viento más fuerte era, haciéndonos poner las chaquetas para poder continuar, algún que otro grupo nos adelantaba, haciéndonos sentir caracoles con la casa a cuestas. Nos pasaban chicas, chicos, jóvenes, viejos, vamos de todo pelaje, hasta que por fin coronamos los Barrerones, realizamos la típica parada para realizar la foto hacia el circo y alucinar con la mejor estampa de todo el Sistema Central sin duda.


Y continuamos por el camino de descenso, extrañamente sin piornos, tapados por la nieve, sin la fuente, también tapada por la nieve y sin realizar esas zetas que tanto queman a la vuelta. Así en línea recta fuimos perdiendo altura y aproximándonos a la zona de la laguna, que llegamos 20 minutos después. Saltamos la grieta que separa la tierra firme con la Laguna Helada y comenzamos a cruzarla, en algunos tramos el azulillo ese típico del hielo aguado comenzaba a verse y tratábamos de ir separados por si aca. Hasta que por fin llegamos al Refugio de Élola. Tras saludar al guarda nos dispusimos a montar la tienda, pero viendo que andaba por allí la Guardia Civil y los guardas del parque, decidimos subir un poco, hasta encontrar un lugar idóneo para montarla y estrenarla.
Comenzamos a hacer el hueco en la nieve, aprovechando un talud cercano y me encontré un poco mal, me dolía la cabeza, estaba mareado, raro raro vamos, y un poco forzosamente montamos la tienda y descansamos sobre una piedra donde repartimos todos los cacharros de la mochila.


Tras descansar un poco, bajamos al refu para tomar un café que tampoco me arregló el cuerpo y decidimos suspender la actividad que queríamos realizar (alguna cascada de hielo sencilla o algún corredor) debido al estado que me encontraba. Tras otro par de horas tumbados como marmotas sobre la piedra, y viendo subir y bajar a la gente hacia el Almanzor, me decidí tomar un “Algidol”, que llevaba Juankar, pese a ser un poco reacio a los fármacos. Y, “tachan”, en un minuto de reloj se me quitó el dolor de cabeza y me comencé a encontrar mucho mejor, esto es increíble pensé, no me lo podía creer. Me encontraba bien, hasta tal punto que cogimos los archiperres, las cuerdas y nos dirigimos a unas rocas cercanas, para montar unos rápeles y unos seguros, para practicar un poco. Comenzó a caer la noche y tras la cena nos metimos pronto en el saco para descansar en condiciones y mañana será otro día.
Sonó el móvil, eran las 5:00, habíamos madrugado tanto, para quitarnos el atasco de gente en la Norte, que pensábamos que sería bastante peligroso. La noche estaba despejada, el viento era nulo y el reloj marcaba 1ºC. Fuimos al refugio a coger agua para el desayuno y toda la jornada, había gente vivaqueando por los alrededores y 7 u 8 tiendas montadas. Volvimos a la tienda y tras desayunar, preparamos la mochila y partimos sobre las 6:30. La huella estaba más que clara, pero se progresaba mejor por los laterales en donde la nieve se encontraba dura, así fuimos ganando altura rápido, pasamos la zona de morrenas, en donde la huella se dirigía casi lineal hacia la Hoya Antón, Llegamos allí en menos de una hora y comenzamos a ascender por la amplia canal de la Portilla Bermeja, la claridad comenzaba a aparecer tras los tres hermanitos y los tonos naranjas hacían una estampa increíble.

Llegamos al lugar en donde se queda el último nevero del circo y comenzamos a girar hacia la derecha dirección Portilla del Crampón, ahora haciendo honor a su nombre nos sentamos en unas piedras para ponernos los crampones, piolet, arnés y casco, y seguimos ascendiendo ante un hecho extraño, no dejaban de caer cristalillos por la canal. Cuando ascendimos algunos metros más y antes de comenzar la travesía los cristalillos caían como pedradas desde las paredes del Almanzor, con los primeros rayos de sol, la roca se calentaba y el hielo formado en sus paredes por la noche comenzaba a caer, al principio lo tomamos como una curiosidad, pero cuando nos bufaron varias trozos del tamaño de pelotas de tenis nos preocupamos, ascendíamos con la mirada puesta hacia arriba y tratábamos de esquivar las “pedradas” como si de humor amarillo se tratase. Teníamos la esperanza que en la Cara Norte al estar en umbría no cayera nada, y poco a poco, por tramos y cubriéndonos con las rocas íbamos evitando la caída de hielo y bordeando toda la falda rocosa esquivando cristales. Por fin llegamos a la base del Corredor Norte, la cosa estaba igual, el sol estaba más alto, eran las 8:00, y la impotencia me quemaba por dentro, seguramente que estaba en condiciones pero la lluvia de cristales nos hacía imposible el meternos allí. Un poco resignados y en lugar seguro, esperamos media hora cerca de la entrada a la Norte, mirando con cara de tontos como caían más y más cascotes desde arriba, hasta decidir abandonar la empresa para dirigirnos por las faldas del Cuchillar de Ballesteros hacia la Galana. Así, manteniendo cota nos fuimos alejando de un sueño que tenía de hace 3 o 4 años, y acercándonos a otra montaña que quizás sea más bonita que el propio Almanzor.

En poco tiempo por palas de nieve dura bordeamos todo el Cuchillar de Ballesteros y por unas bonitas crestas sin patio llegamos a la zona del Aventadero, para continuar ascendiendo por terreno ya más rocoso y mixto hasta la zona donde en alguna otra ocasión había montado un rápel para ascender a la Galana, pero esta vez, entre la nieve acumulada en la brecha, y la que había entre las rocas, un simple y corto destrepe nos llevó hasta la mencionada brecha. Habíamos dejado las mochilas en el lugar del rápel y seguíamos sin ellas con una cuerda y algo de material hacia la parte alta de la Galana, llegamos al paso clave y observamos unos metros más arriba dos cintajos, que nos iban a venir bien para rapelar, pero no para subir., Así que montamos una reunión, y por la cara que da a Cinco Lagunas, fui atravesando la corta terraza aérea que estaba llena de cristales de hielo. Llegué al otro lado de la terraza y subí fácilmente a la cumbre, desde allí me asomé para ver a Juankar y le arrojé la cuerda que aseguré en la piedra cimera. Así con la ayuda de la cuerda ascendió unos metros y juntos nos situamos en la bonita cumbre de la Galana. Nos hicimos unas fotos y observamos el precioso paisaje, que desde allí se divisa, toda la Sierra de Gredos en su extensión. Antes de comenzar el descenso observé como una cordada de tres se metía en la Norte del Almanzor quedándome estupefacto, esto me animó bastante y pensé en que quizás había dejado de caer cristales o quizás estaban arriesgando mucho, no iba a cejar en mi empeño y propuse a Juan volver por el mismo itinerario para pasar de nuevo por la base de la Norte del Almanzor.

Así montamos un rápel desde las cintas de la Cara Sur y descendimos hasta zona segura observando como unos fieras se tiraban con esquís por una canal cercana al Risco del Gutre. Continuamos descendiendo hasta la brecha y subimos hasta el lugar en donde estaban nuestras mochilas, bien custodiadas por un grupo de tres que habían realizado el corredor que lleva a la Brecha de la Galana. Tras meter todo en la mochila nos dirigimos por nuestra propia huella rumbo a la Norte de nuevo para ver el estado en el que se encontraba, dejando atrás el Aventadero y las laderas del Cuchillar de Ballesteros. Escasos 25 minutos nos bastaron para llegar a la zona de nuestro objetivo, se acababa de meter una nueva cordada de dos y observamos como ahora no caía hielo. Me había dado un subidón de adrenalina al ver estas condiciones, y pensé que era nuestro momento, pero Juankar había llegado algo cansado y no se veía en condiciones para afrontar algo, que no sabíamos exactamente como era, ni cuanto nos iba a costar. Le intenté animar, instándole a que se hidratara y tomara algún gel, como hice yo, pero igualmente no se veía con confianza para ascender por ese corredor que teníamos a vista y tan cercano. Como buen amigo y conocedor de las ganas que yo tenía por realizar dicha vía, me comentó que podía yo dirigirme por el corredor y unirme a la cordada que aún estaban superando el primer tramo y no tardé en hacerle caso y escuchando a mi corazón, me despedí de Juan y partí rumbo a la Norte del Almanzor.
Comencé ascendiendo por el estrecho corredor de unos 55º, en su tramo medio tenía algo de hielo y a buen ritmo ascendí hasta casi sin darme cuenta llegar a la bifurcación en donde estaban la cordada que iba delante, eran una chica y un chico madrileños, a los que pregunté si me podía unir a ellos y sin muchas respuestas me aceptaron en la cordada.

Habían montado una reunión con tornillos en el primer largo y con varios tornillos intermedios hasta llegar a la base del resalte principal y punto más comprometido de la vía, en donde Dani había montado una nueva reunión. No dejaba de caer hielo, tentando a la suerte y asegurado por un tibloc ascendí hasta la reunión principal quitando los tornillos intermedios y llegando a la base de la cascada hasta donde recuperamos a Ana. Allí Dani me cedió los galones y me aseguró para que afrontara el siguiente largo y más chungo; comencé ascendiendo un par de metros verticales en donde intenté meter un tornillo, me era imposible ya que el hielo no estaba en condiciones y opté por meter un pitón en la roca de la derecha, el agua caía de la roca y me estaba empapando los guantes y camiseta, tampoco podía meter el pitón, ya que la maza me pillaba a izquierdas y no podía golpear bien al clavo para meterlo en una pequeña fisura. Al verme un poco justo de fuerzas y sin poder meter nada para asegurar, decidí continuar hacia arriba, saliendo en un par de metros más al campo de nieve que precede al resalte de unos 50º, por donde ahora si fui ascendiendo más fácilmente. Busqué una roca para asegurar por la izquierda, luego por la derecha y finalmente ascendí unos metros más hasta una que estaban en la parte central superior, en donde metí dos pitones y comencé a recuperar a Ana.


Estaba un poco justa de fuerzas y le costó un montón superar el resalte, para seguir por el corredor y llegar a mi posición, luego fue Dani el que sin muchos apuros también llegó a la reunión y se dispuso a comenzar el tercer largo, por un estrecho corredor situado en la parte izquierda y que se veía algo pelado en su tramo medio con algo de hielo. Tiró hacia arriba y metió un primer tornillo, para posteriormente meter otro en la zona más pelada de nieve, desde ese punto desapareció de nuestra vista y continuó, hasta que tuvimos que indicarle que le quedaban unos 4 metros de cuerda. Montó una reunión en roca y fue asegurando a Ana, que iba ascendiendo lentamente por el estrecho corredor con algo de hielo de 55º.

Yo fui detrás de Ana, sin asegurar con cuidado tratando de buscar la huella hecha por otras cordadas anteriormente, hasta que por fin pudimos divisar la brecha que separa las dos cumbres del Almanzor. Comenté a mis compañeros que iba a continuar hacia arriba, en busca del sol, ya que estaba helado y me dirigí hacia la comentada brecha, desde donde vi, que Dani iba a asegurar a Ana para llegar hasta donde yo me encontraba. Tras unos minutos al sol y de espera, decidí ascender hasta la misma cumbre donde esperé a mis compañeros para hacernos una foto de equipo, allí nos dimos los correos, nos repartimos el material, y nos despedimos hasta pronto tras darnos las gracias mutuamente por la ayuda.

Yo bajé a toda mecha por la normal, intentando no hacer esperar mucho tiempo a Juankar en la zona del Élola, y a toda prisa por buena nieve, fui destrepando la chimenea Sur, realizando la travesía de las Canales Oscuras y descendiendo desde la Portilla del Crampón por las palas llenas de huellas y de blanda nieve. El sol que tanto había echado de menos durante la ascensión de la Norte, ahora lo aborrecía y acalorado realicé una parada en la Hoya Antón para quitarme todo el material y echarme un poco de crema para protegerme. Bastante cansado continué por el mismo itinerario de la ida y llegué en algo menos de una hora, desde cumbre a la tienda, que ya estaba desmontada y donde me esperaba Juankar, con los brazos abiertos.


Entre tragos de agua y bocados de comida le estuve contando como me había ido y a continuación comencé a hacer la mochila para la dura vuelta. Algún kilo más de 20 me eché a la espalda y comenzamos el descenso, el descenso de 20 metros para llegar al refugio, porque desde allí a travesamos la laguna y emprendimos lo que en otras ocasiones es duro, pero que en esta se me hizo interminable,, es como el Mortirolo en Italia, el Alpe d´Huez en Francia,,,, los Barrerones de Gredos. Agotado y sufriendo como un cabrón los ascendimos, yo creo que sacando las fuerzas de la alegría de poder irme a casa con un viejo sueño, llamado, NORTE DE ALMANZOR.

martes, 8 de julio de 2008

ELBRUS techo de Europa, 5.642 metros


(extraído del capítulo de cumbre, de "Mi Elbrus", escrito por mí entre 2008 y 2009).
.......todo el mundo en el barracón comenzó a agitarse y a vestirse mientras un cosquilleo me recorría todo el cuerpo. –Hoy era el gran día- pensé, mientras me vestía. Escuché decir a Alberto que había dejado de nevar hacía poco tiempo ya que había salido a mear una hora antes y aún nevaba. Con rapidez militar nos vestimos todos y preparamos la mochila a una velocidad de vértigo. Nos dirigimos al barracón cocina y desayunamos la papilla pastosa con pasas y demás frutos secos que hacían las cocineras, que a estas horas dormían y que estuve a punto de vomitar más bien por los nervios que por la propia pasta, el resto del desayuno eran sencillamente las sobras del día anterior, quizás algo escaso en un día tan importante como hoy. Tras el desayuno fuimos al barracón, cada uno a su ritmo en su gore metido, con sus pensamientos, preparando su mochila de ataque. Tras terminar de realizar la mochila y vestirme de gala para la ocasión, salí de nuestra barraca y esperé en el exterior con alguno de mis compañeros, la nieve no estaba para crampones pero Irina nos obligó a ponérnoslos desde un inicio, cosa que no debíamos de discutir a estas horas de la madrugada. Nos los colocamos en las botas y observamos como alguno de los Barrels también tenía las luces dadas, señal de que para más gente iba a ser el día elegido de cumbre. Tras esperar algunos minutos a los más tardones y pasar algo de frío, mientras el termómetro marcaba -8ºC, iniciamos la marcha en fila india, como casi nunca habíamos hecho y bien juntitos cosa que tampoco solíamos realizar.
Cogimos el ritmo pronto, la oscuridad era total y tan solo la imagen de la mochila del compañero de delante era lo que podíamos ver, mientras ganábamos los primeros metros al Elbrus. Ascendíamos por las rodadas de los retraks, por la misma zona por donde habíamos caminado los dos días anteriores, concentrados y siguiendo los pasos de Irina y nuestra otra guía joven que cerraba el grupo. Al no tener vistas del paisaje, la mente se centraba en caminar respirando bien profundo y en coger un ritmo adecuado para llegar a la meta, así un silencio solamente interrumpido por el crujir de los crampones en la nieve dura, era lo que presidía el ambiente. Yo llené el camel bag, pensé que se me iba a congelar, pero durante los primeros metros de desnivel este no se heló y podía ir bebiendo agua, que iba a ser un factor importante para esta paliza. De esta manera y con un ritmo continuo, pudimos ver en la lejanía las luces del refugio Priut 11, de allí había salido un grupo al que veíamos bastante más lejos y que también iban a intentar la cumbre, ahora si nos confiamos de que iba a ser un día perfecto para el ascenso y deseábamos caminar para seguir ganando altura. Un poco antes de llegar al refugio y cuando llevábamos una hora de paso, realizamos una parada para hidratarnos y para comer algo, tan sólo fueron unos 5 minutos pero nos sirvieron para relajar durante unos minutos músculos, lo suficiente para continuar mejor y deseando que estas paradas fueran periódicamente continuas y no como los días anteriores en los que parecía que Irina llevaba un rebaño de ovejas. Reanudamos la marcha, dejando el Refugio Priut 11 a la izquierda, allí también las luces estaban encendidas, señal de que no íbamos a caminar solos esa noche, esa mañana y ese día. Cogimos de nuevo el ritmo y mentalmente a cada paso que dábamos veíamos más cerca la cumbre. Yo personalmente me encontraba bien, no tenía mucho frío, llevaba aún ropa de abrigo en la mochila e incluso me tenía que abrir la chaqueta para perder calor durante la marcha., todo esto, se iba pareciendo cada vez más a una ascensión invernal en pirineos, en donde podíamos controlar todos los factores., Sobre todo los dos que me tenían más preocupado desde hacía tiempo y que eran nuevos para mí: el frío y la altura. Factores que por ahora superaba con holgura.
Continuamos la marcha y tras unos minutos más desde la parada, sobre los 4.200 metros, uno de mis compañeros nos alertó que un vehículo a motor venía por detrás. Veíamos como uno de los famosos retrak se iba acercando, preparando las cámaras de fotos, a la vez que las palabras que les íbamos a “regalar”. El sonido y la luminosidad crecían progresivamente hasta que como si de un momento espectacular se tratase, dicho vehículo pasó por nuestro lado cargadito de “montañeros”, que para subir de esa manera habían madrugado en exceso. Lo habíamos escuchado, leído e incluso visto en la tele, pero había que estar allí para sentirlo y ver como los pseudomontañeros agachaban la cabeza al paso de la máquina junto a nosotros. Tras unos diez minutos más, un nuevo retrak se acercaba a nosotros, este si lo íbamos a ver de cerca, ya que caminábamos junto a la pista central, no como el anterior que lo habíamos visto a 40 metros. Dicho vehículo llegó, pudiendo inmortalizar el momento con las cámaras y soltando todo tipo de improperios por la boca, para fomentar un poco la limpieza de las montañas del mundo. Cosas como: ¡friquis!, ¡free Elbrus! O ¡Elbrus sin retrak!, fueron algunas de las palabras que intentamos que escucharan los viajeros de la máquina. Tras el ajetreo de retraks, por fin la cosa se tranquilizó un poco, nos habíamos introducido entre los dos espolones de roca y nuevamente cogimos el ritmo de ascenso adecuado, mientras nuestras guías nos abroncaban por perder fuerzas por la boca, ya que no íbamos en silencio como ellas esperaban y hablábamos entre nosotros como suele ser habitual en los Pirineos.
Habíamos superado los 4.300 metros, y la claridad comenzaba a aparecer por el horizonte hacia el Este, tomando el cielo un tono azulado claro impresionante. Ahora sí nos íbamos haciendo la idea del lugar en donde estábamos, comenzando a tomar referencias visuales de otras montañas. Hacia arriba, sobre las Rocas Pastukhova, y unos 200 metros de desnivel por encima, podíamos ver un montón de personas que los retrak habían dejado y que no comenzaban a caminar extrañamente, pensé que quizás se estuvieran preparando las mochilas y abrigándose. Lentamente nos acercábamos a toda aquella marabunta, mientras el azulado de la mañana ya era total y hacia abajo podíamos ver todo un mar de nubes del que sobresalían sólo las montañas principales del Cáucaso. Apagamos los frontales, ya que la luz natural nos era suficiente y continuamos hasta los 4.500 metros, donde realizamos una nueva y breve parada para comer una barrita y echar un trago de agua. Proseguimos siguiendo las banderitas rojas, que balizaban la carrera rusa y por supuesto a nuestra guía Irina. Realizamos un pequeño giro a la izquierda para evitar las primeras Rocas Pastukhova y llegamos a los primeros alpinistas que había dejado la máquina con cadenas. Los adelantamos fácilmente ya que llevaban un ritmo de tortuga y continuamos hacia la parte superior de “las rocas”. El sol radiaba un poco más y los tonos rosados comenzaban a aparecer en los horizontes, mientras las nubes de algodón que poblaban los valles ascendían un poco, creando incluso en las lejanías, torres gigantescas parecidas a las de evolución de nuestros Pirineos. Paramos nuevamente 5 minutos en las Rocas Pastukhova, esta vez sí nos sentamos sobre la nieve y disfrutamos durante un par de minutos del amanecer. No podíamos parar más tiempo, el frío era intenso y con una temperatura de -7ºC no podíamos permanecer quietos. De nuevo reanudamos la marcha, caminando lentamente y tomando como meta la siguiente banderita roja del itinerario, mientras por delante caminaba otro grupillo bastante junto, que también habían ascendido hasta allí por medios mecánicos y al que nos acercábamos con rapidez. Hacia la izquierda íbamos observando las primeras grietas de los glaciares y un poco más arriba, podíamos ver que algún que otro grupo ya comenzaban a trazar la diagonal a izquierdas rumbo al collado. Era una buena referencia dicho cambio de rumbo, y mentalmente fue mi siguiente objetivo a realizar., aparte, estaba llegando a mi propio techo, situado en el día anterior a 4.875 metros y hasta el que nos faltaban pocos metros para llegar. Me encontraba bien y además la meteorología que siempre es uno de los fantasmas de toda expedición no nos iba a impedir llegar a cumbre, con lo que nos quitamos un peso de encima bastante grande, dependiendo tan solo de nuestro estado físico para llegar al objetivo tan ansiado, que era la cumbre. El sol comenzaba a calentar y un poco de crema no nos vino mal para proteger la piel. Caminábamos a buen ritmo siguiendo a la locomotora Irina, que aunque fuera en línea recta la tratábamos de seguir trazando nuestras propias zetas. Un grupo, otro, algunos desperdigados, todo el mundo parecía ir más lento que nosotros., de ésta manera nos plantamos casi en las rocas de la ladera Sur de la cumbre Este del Elbrus y a escasos metros para llegar a los 5.000, barrera psicológica hasta la que habíamos llegado estupendamente. Pero a partir de éste punto todo iba a cambiar. Cuando pensábamos que ya estaba casi hecho con 500 metros de desnivel a cumbre, algo más de una hora en cualquier montaña española, nos quedaba lo peor; la cosa comenzó a tomar un cariz diferente, la ligereza y rapidez con la que habíamos ascendido se iba a tornar a un duro, pesado y lento camino. Adelantamos al grupo internacional, del que formaban parte los dos hispanos, a los que saludamos deseando suerte y que ya habían iniciado como nosotros el giro a izquierdas, por la falda hacia el Collado del Elbrus. La ancha pala cambió de formato, ahora caminábamos por un estrecho sendero de pisadas, balizado con banderitas rojas, con pendiente a izquierdas e inclinación constante que no cesaba de cargar los tobillos, además la nieve estaba muy dura, lo que nos hacía tener que clavar bien los crampones para poder progresar, siempre alertados por una decena de grietas que esperaban con la boca abierta, ladera abajo como hambrientos tiburones. Realmente nunca pude coger un ritmo continuo en este tramo, me salía de la senda de hielo, caminaba de diferentes formas: con los pies paralelos, de lado, hacia arriba, pequeñas zetas, etc. Y no era capaz de controlar mi respiración para caminar de continuo sin tener que parar para coger oxígeno. Dicho tramo nos fue asfixiando lentamente, y no solo a mí; Jacobo fue perdiendo el contacto con nuestro grupo sobre los 5.100 metros, acompañado por la segunda guía (por lo menos estaba bien acompañado). Yo me iba descolgando de Irina haciendo la goma con Juankar y detrás de mí, Alberto sufría los mismos síntomas que yo. Tan solo Miriam, que no había levantado la cabeza en todo el ascenso, no se separaba de Irina ni un solo metro. Dichas consecuencias no solo ocurrían en nuestro grupo, algunos que otros montañeros yacían sentados en la nieve, y nos miraban con no muy buena cara al pasar. Eran las palas más duras, y con una inclinación elevada, en las que Irina no realizó ninguna parada y a duras penas pudimos seguir.
La cumbre Este, la principal del Elbrus, comenzaba a aparecer iluminada por el sol en el horizonte, por fin podíamos ver el objetivo, pero este tramo nos estaba castigando mucho. La presión en la cabeza me había aparecido algunos metros más abajo sin tomarla mucho en cuenta, pero ahora el aire lo comenzaba a notar muy denso, no podía llenar los pulmones a tope, y gran parte de este oxígeno que respiraba me era inútil e inválido para reducir las pulsaciones., pulsaciones que ascendían rápidamente al caminar lento, a pesar que de piernas me notaba fuerte. Indudablemente esto ocurría por la altitud, estábamos a una altura que no conocíamos e inexplicablemente tras llevar más de diez días en el Cáucaso no habíamos aclimatado bien como nos imaginábamos. Lo que no imaginaba eran los síntomas que estaba sufriendo; que en algún momento se agravaron, sintiendo alguna que otra nausea y un desequilibrio constante en el tramo final antes de llegar al collado, similar a una borrachera. A pesar de los síntomas, continuamos cada uno al ritmo que pudimos; yo junto a Alberto, nos habíamos quedado algo rezagados de Juankar que caminaba unos 20 metros por delante, a su vez rezagado de Irina y Miriam. Entramos en la zona de umbría, sombra producida por el Elbrus Este y que se alargaba hasta el collado, nuestro siguiente objetivo. La temperatura descendió algún grado que otro, llegando a tocar la mínima del día (-10ºC), y donde Juankar se vio limitado con sus botas de cuero, pero finalmente como un caracol continuó en busca del sol del collado. El desnivel fue benévolo con nosotros y cuando más lo necesitábamos, el sendero dejó de ganar altura bruscamente para continuar haciéndolo de forma leve y dirigirnos hacia un collado medio soleado del que no estábamos muy lejos. Parece que pudimos respirar un poco, y por fin tras más de una hora de marcha irregular, pude coger un ritmo lento y continuo al que agarrarme y que fue el que me hizo llegar al Collado del Elbrus, en donde había ya descansando en el suelo unas 10 personas. El duro suelo junto al sol, me supo como el mejor de los sillones., nos sentamos a descansar, comer y beber, además de coger un poco de oxígeno en los pulmones, en reposo. Cuando el oxígeno nos llegó a la cabeza y pudimos reflexionar un poco, hablamos sobre la dureza del último tramo, en donde todos coincidimos. Tras realizar los deberes a esa altura, que no son otros que beber y comer, tratamos de relajarnos un poco y descansar esperando la llegada de Jacobo, que había tardado en aparecer por la ladera del Elbrus Este, y que venía animado por la guía suplente, que caminaba de espaldas a nosotros y de cara a Jacobo. Poco a poco se fue aproximando, hasta que una media hora más tarde llegó al collado totalmente asfixiado. Llegó a nosotros y agachó la cabeza tratando de descansar, antes de sentarse en el suelo y comenzar a beber.
Nosotros a pesar de estar sentados en la parte iluminada por el sol, nos estábamos quedando fríos, por lo que en unos minutos más y cuando unos ucranianos acababan de descender de la cumbre con su bandera azul y amarilla, decidimos iniciar la marcha hacia cumbre. El siguiente tramo era bastante empinado y recorría la ladera del Elbrus Oeste de izquierda a derecha, ascendiendo hasta llegar a perder de vista la huella y suponiendo que no nos dejaría muy lejos de la cumbre. Arrancamos todos en fila india, dejando a Jacobo coger más aire en el collado e intercambiando la guía., Ahora nosotros nos quedamos con la joven e Irina con Jacobo. Tras los primeros metros, las sensaciones malas que había tenido antes de llegar al collado habían desaparecido, podía seguir un ritmo lento pero continuo, al igual que mis compañeros, con los que fui ascendiendo en grupo, guiados por la joven guía. Poco a poco y tras ganar algunos metros de altitud por la ladera, fuimos dirigiéndonos hacia la derecha de la pala, (itinerario marcado con banderitas, también), donde de nuevo costaba coger oxígeno, pero no tanto como alguna hora atrás, habíamos pasado a dos hombres que literalmente iban muertos, y que en lo que nosotros habíamos tardado 30 minutos, ellos llevaban empleada más de una hora, con continuas paradas en las que incluso se tiraban al suelo boca abajo agarrados al piolet para descansar. Piolet, que nosotros también estábamos utilizando para asegurarnos en caso de una caída, por la ladera de unos 40º de desnivel que nos depositaría nuevamente en el collado, pero tras rodar 100 metros abajo. Todos nos habíamos recuperado de nuestras malas sensaciones, sobre todo Alberto, que iba dando ánimos, hablando y hacía casi más fotos que en todo el recorrido anterior., así con ritmo lento superamos la diagonal, para salir a una zona más llana, desde donde divisamos la propia cumbre. Tras verla el corazón me dio un vuelco, a pesar de estar a pocos metros de ella realizamos una nueva parada, para descansar unos minutos y ansiarla más si aún cabe. Tan sólo quedaban 100 metros para tocar el cielo, y tras 10 minutos de pausa partimos hacia arriba, el desnivel había descendido bruscamente, caminábamos por una pala de unos 20º y en línea hacia ese resalte que formaba la cima. Ahora nos estiramos un poco, tomando cada uno su ritmo y siguiendo a la joven guía que caminaba por delante. Tras cruzar el pequeño llano, llegamos a la última rampa, casi la más empinada de toda la jornada, pero ya no existía ningún impedimento para llegar a cumbre, con o sin oxígeno, cansancio, ni ningún que otro condicionante. Había llegado a ese punto donde confluían todas mis fuerzas de muchos meses atrás y tras unos últimos metros alucinantes de subidón, increíbles por todo el sacrificio dejado atrás, llegué. Allí estaban Alberto y Miriam, que habían subido metros por delante y que me decía: -toca, toca-. Me dirigí a dicho punto a tocar la roca que simboliza el punto más alto de Europa y me di la vuelta para ver como llegaba Juankar tras de mí. Bromeé, poniendo nombre a la roca y también me di cuenta que no podía vocalizar muy bien, debido al frío y al esfuerzo realizado. No corría viento y unos -8ºC, era la temperatura que hacía, no muy fría para la altura y la mala reputación de dicha cumbre.
Comenzamos a hacernos fotos, con la camiseta, con la bandera, sin ella, y así decenas de fotos de unos a los otros, y viceversa. Comenzó a llegar gente a la cumbre al mismo tiempo que Alberto y Miriam decidían comenzar a descender.
Para dejar al resto de personas su momento de gloria y que se hicieran la foto, yo me separé algunos metros de la cumbre, para descansar mi intención fue sentarme en la nieve pero cuando toqué con el culo en ella, me tumbé totalmente sobre el piso blanco para sentir el terreno y para echar todas las tensiones acumuladas durante mucho tiempo. Al poco me senté de nuevo y comencé a mirar hacia el horizonte de nubes, situadas sobre una arista nevada que portaba grietas por su ladera, un paisaje totalmente idílico y de forma líquida comencé a expulsar dichas
tensiones, llorando como un niño..........

extracto del montaje creado para la Semana de la Montaña de Parla,, sube el volumen.

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viernes, 12 de octubre de 2007

Midi d´Ossau 2.884 mts.


Alojados en Sallent de Gállego, madrugamos y con una buena helada nos dirigimos hacia la frontera francesa para subir al mítico Midi d´Ossau, el termómetro del coche marcaba 2ºC, estaba amaneciendo y pasamos junto a la estación de Formigal, comenzábamos a ver nieve en la cara Norte de las montañas cercanas y esto nos dio mala espina. Antes de llegar al Portalet nos dimos la vuelta y fuimos hasta el albergue de nuevo para coger los crampones que habíamos desechado la noche anterior al hacer la mochila. Ya con los crampones en la mochila, subimos hasta el Portalet viendo por encima de las montañas cercanas el Midi asomando., Dejamos atrás el estado español y descendimos por la carretera hasta el aparcamiento situado frente al valle de Aneou.
En el aparcamiento nos pusimos las botas, terminamos de hacer la mochila, unos estiramientos y con el frío intenso nos pusimos a descender por el otro lado de la carretera, por una pista que se internaba en el Circo de Aneou., Sólamente veíamos la parte de arriba del Midi y del Peygeret mientras caminábamos por la pista cruzando el torrente que descendía del circo por un puente., Antes de llegar al Centro Pastoril de Aneou llegamos a un cartel indicativo que nos marcaba una hora hacia el Coll del Soum de Pombie (punto de paso para el Refugio de Pombie), tomamos el camino entre praderas perfectas para el ganando y comenzamos a ganar altura lentamente entre dichas praderas llenas de flores de azafrán silvestre (señal de las primeras nevadas), el cuerpo comenzaba a crear calor e hicimos una parada para quitarnos ropa, hacia atrás podíamos ver el Puerto del Portalet y la cara Norte del Valle de Arrious bastante nevado, también hacia arriba observábamos los primeros rayos de sol pegando en la cabeza del Midi.
De nuevo nos pusimos en marcha por las praderas hasta coger un pequeño senderillo que comenzó a ganar altura en la ladera Norte del circo hacia el Soum de Pombie., Tomamos varias zetas largas para ir progresando y en poco tiempo llegar al Collado de Soum de Pombie, desde allí pudimos ver el refugio, el Collado de Pombie y la mayor parte del pitón volcánico de Midi
Tras hacer unas fotos desde el collado comenzamos el descenso junto a un nevero bastante helado por un sendero rodeado de nuevas praderas, y levemente fuimos perdiendo altura dejando unos bonitos valles a nuestra derecha que iban a desembocar al valle principal que desciende a la localidad de Pau, y en donde la niebla estaba estancada haciendo algodonado el fondo de éste. En veinte minutos descendimos hasta el refugio de Pombie, que estaba cerrado: pequeño refugio situado junto al Lac de Pombie y que por lo menos tiene un buen aspecto exterior.
Decidimos continuar con cuidado hacia el Collado de Suzón y partimos del refugio siguiendo el sendero que en breves metros se metía en un tramo de caos rocoso en donde la helada ponía en peligro nuestro pellejo, si a eso le sumamos que la goma de las botas estaba muy gastada, eran los ingredientes perfectos para una mala caída., Sin prisa y con cuidado fuimos atravesando primero el caos de rocas y luego la pedrera de grano mas fino descendente del canal entre el Midi y el Peygeret, también echamos un vistazo a la tremenda pared Este que crecía de allí mismo en vertical y que dejamos a la izquierda, para comenzar a ascender por el sendero entre terrenos de prado alpino y una planta bastante curiosa que teñía de rojo algunos tramos de prado., En poco tiempo por el sendero bastante lineal llegamos al Collado de Suzón;
collado desde donde podíamos ver la cabecera del formidable Valle d´Ossau cubierto en su parte mas baja por nubes y que dejaba escapar entre éstas algunas cumbres, también en cara Norte del valle había nieve que desde nuestros pies descendía unos 200 metros collado abajo, tapizando de blanco la parte mas alta. En breve nos pusimos en marcha por un senderillo en dirección Oeste hacia las chimeneas del Midi, que ascendía próximo a la cresta, observando la diferencia de vertientes debido a la nieve acumulada., mientras ascendíamos con el rabillo del ojo observábamos a otros grupos que subían por las chimeneas para saber exactamente donde situarlas. Tras una corta subida entre aguas observando como la gabacha ganaba terreno a la piedra llegamos a la base de la primera de las chimeneas donde un montañero francés esperaba a sus compañeros, allí hicimos una parada observando los montes nevados cercanos y comimos unas barritas para coger la energía suficiente.
Nos pusimos el casco y emprendimos la primera de las chimeneas tratando de evitar el hielo que aún quedaba en umbría, con las botas aún mojadas Juankar intentó trepar por la canal central pero por falta de agarres tuvo que descender de nuevo, yo por la derecha por un pequeño espolón intenté progresar pero me quedé bloqueado a mitad de éste, destrepé a la canal central desde el espolón, pero bastante inseguro por el hielo tampoco pude ascender por la canal, entre tanto Jacobo por la izquierda de la canal, por un tramo mas aéreo intento también subir hasta llegar a un punto en el que no pudo progresar mas., la primera de las chimeneas nos dejó un poco k.o., pero finalmente por el espolón de la derecha y con la ayuda de Juankar asegurándome el pie pude trepar un pase y coger una buena presa para subir hasta la parte alta del “espoloncillo”, desde allí destrepé a la chimenea y utilizando como presas las dos clavijas de hierro salimos de la chimenea por la parte izquierda superior hasta llegar a una terraza, por fin habíamos encontrado la salida al primer problema mientras un grupo de navarros se metía en él tras nosotros.
Desde la salida de la primera de las chimeneas cruzamos por unas terrazas hacia la derecha ascendiendo levemente y cruzando una canal bastante amplia con nieve, seguimos progresando esta vez por solana por unas nuevas terrazas hasta llegar a la segunda de las chimeneas, allí nos reunimos los tres y observamos como el diedro que forma toda la chimenea estaba lleno de hielo, por la parte derecha de la chimenea parecía subir una pequeña canal con buenas presas pero con una pinta algo inestable, por allí comencé a progresar bastante bien hasta que desde arriba comenzaron a caer trozos de hielo, agaché la cabeza y me encogí ocupando el menor espacio posible hasta parar de caer hielo, Juankar gritó –“cuidado con el hielo desde arriba”, y desde abajo los navarros metían prisa para subir antes que descendieran la pareja de chavales desde arriba., de nuevo comencé a progresar lentamente buscando buenas presas que eran abundantes hasta salir del tramo. Los dos chavales me comentaron que la tercera chimenea estaba muy mal y con hielo era muy difícil ascenderla, entre tanto subió Juankar y después Jacobo y juntos continuamos en busca de la tercera de las chimeneas, subiendo hacia ésta nos cruzamos con otros 5 españoles que nos indicaron que habían intentado subir por la roca de la derecha de la tercera chimenea y se habían dado la vuelta, (mal pintaban las cosas, pero como siempre decimos Juankar y yo, -habrá que verlo-). Todos juntos (los navarros y nosotros) llegamos por una zona con mas nieve hasta la base de la tercera chimenea, allí nos pusimos los crampones y estuvimos viendo las posibilidades de subida: la vía original en roca ascendía por la derecha, por una canal que posteriormente se convertía en un espolón algo expuesto hasta llegar a una cinta de reunión y desde allí la subida era mera trepada. Nosotros vimos como mejor idea la subida por la izquierda por una chimenea mas amplia, compuesta por unos pequeños resaltes seguros hasta llegar a la salida de la chimenea con un paso algo mas complicado pero con buenos agarres, tras salir de la chimenea seguimos subiendo entre terrazas con nieve hasta un nuevo resalte con un paso algo aéreo pero seguro, prácticamente habíamos salido de la chimenea, sólo nos faltaba cruzar en diagonal entre rocas y terrazas hasta llegar al caos de rocas situado justo por encima de la salida de la vía de roca. Allí esperamos a Jacobo y nuevamente junto a algunos navarros comenzamos a ascender por el Rein de Pombie (plataforma formada por grandes bloques, de amplias dimensiones con caída hacia el Este), entre la nieve siguiendo el rastro de unas huellas íbamos ganando altura, nos cruzamos con dos chavales que habían hecho cumbre los primeros y nos dijeron que las huellas que seguíamos eran suyas,
así no teníamos pérdida y poco a poco el Rein de Pombie se fue estrechando hasta cruzar una pequeña portilla y caminar unos metros mas para llegar a…. ¡pero bueno, si los dos chavales no han hecho cumbre!, sus huellas se desviaban por la nieve hacia la derecha a la Punta de Francia situada a pocos metros y la nieve estaba intacta en dirección a la cresta y cumbre principal. Seguí pocos metros y destrepé un par de metros por roca para llegar a una amplia brecha con nieve, desde la brecha ascendí por la roca hasta llegar a la cumbre principal del Midi d´Ossau.,
Hasta allí fueron llegando mis compañeros y hasta siete navarros con los que estuvimos riendo en la cumbre, mientras observábamos la cantidad inmensa de picos y picos que podíamos ver de Oeste a Este: Aníe, Le Billare, La Mesa, Ansabere, Ezkaurre, Castillo de Acher, Bisaurín, Aspe, Collarada, Anayet, Pala de Ip, Peña Retoña, El Telera, Tendeñera, Otal, Foratata, Garmo y satélites, Vignemale, La Facha, Balaitús y satélites, Arriel, Pallas, Midi de Bigorre y mas picos que desconozco., en fin el Midi es una auténtica atalaya de vigía para los franceses.
Sin demorarnos iniciamos la vuelta para no tener tráfico de bajada en las chimeneas y así descender más tranquilos, cruzamos todo el Rein de Pombie por el mismo itinerario que de subida hasta llegar a la cruz que nos indica el rápel, por las cercanías de la cruz busqué una reunión que había oído hablar a los navarros y la encontré algo separada y preparada para rapelar hacia otro canal amplio bastante lleno de nieve y muy largo, no teníamos cuerda suficiente para tirar en doble hasta la base de la canal y también desconocíamos como era la parte baja de la canal., pensamos en rapelar por la vía de los navarros pero parecía muy vertical y teníamos que buscar una reunión, finalmente nos inclinamos por dirigirnos hacia la vía que habíamos subido con nieve y así destrepamos las terrazas hasta llegar al primer paso complicado, allí en un buen bloque dejamos una cinta y rapelamos veinte metros hasta las cercanías de la tercera chimenea, nos asomamos un poco a la chimenea con nieve y decidimos montar la cuerda en otro bloque pero un poco de quitamiedos para el primer paso, una vez superado este primer paso recuperamos la cuerda y descendimos por las pequeñas terrazas nevadas hasta la base, desde allí comenzamos a descender tranquilamente evitando por otro itinerario un paso corto con hielo y con varias clavijas que fuimos dejando atrás hasta llegar a la segunda de las chimeneas; esta chimenea era de todas la mas expuesta pero era la que mejores agarres presentaba, tras echar un vistazo y no encontrar bloques para posibles reuniones comencé a destrepar toda la roca con cuidado hasta llegar a la base, así fueron bajando mis compañeros uno a uno y juntos continuamos el descenso por las terrazas herbosas hasta llegar a la primera de las chimeneas (la que mas nos había costado ascender), allí aprovechando la clavija de hierro, montamos un nudo de alondra y rapelamos hasta la base Jacobo y yo, Juankar sólo deshizo la alondra y paso con dos vueltas la cuerda para rapelar,
habíamos superado el peor tramo satisfactoriamente. Como siempre, tras la tensión vienen las risas y Jacobo fue el primero que lo logró intentando liar la cuerda para meterla en la mochila mientras nosotros lo observábamos., tras las risas continuamos descendiendo por el sendero hasta llegar al Coll de Suzón, lugar en donde aún pegaba el sol y pudimos disfrutar de él mientras comíamos y nos quitábamos todo el material pesado.
Tras un descanso merecido continuamos descendiendo por el senderillo entre praderas hasta llegar a la gran pedrera (que a estas horas no estaba helada), la cruzamos hasta ver el Refugio de Pombie, donde Jacobo no pudo resistir la tentación y paró a degustar un café francés., Nosotros también entramos al refugio, observamos lo pequeño que era y aprovechamos para hablar con el guarda y comentarle la situación de las chimeneas. Dejamos el Refugio atrás y enfilamos la última de las subidas hacia el Coll Soum de Pombie, la niebla se estaba estabilizando sobre la cota 2000-2100 y estábamos llegando a ella, notábamos como una leve bruma nos hacía notar un velo al mirar al horizonte. Llegamos al coll y echamos la vista atrás para ver por última vez el Midi, la niebla lo estaba engullendo y primero la base rocosa y poco a poco hacia arriba iba desapareciendo la silueta entre las nubes.,
hicimos unas fotos para inmortalizar el momento y comenzamos un descenso viendo los picos del Sur por encima de un gran mar de nubes en el que nos adentramos por la ladera a ciegas, la niebla se había posado totalmente en esta ladera y la visibilidad era nula, tan sólo nos cruzábamos con gente que subía al refugio con grandes mochilas, para pasar la noche. Fuimos bajando la ladera con rapidez hasta llegar a los prados con menos desnivel por donde seguimos disfrutando de los últimos momentos de la aventura pasando junto al Centre Pastoral y cruzando el torrente que baja del circo de Aneou, todo esto entre niebla para llegar al aparcamiento, en el que había unos 50 coches,, -¡joder, mañana hay movida fijo!-: unas 150 personas en chimeneas repartidos, mañana pasa algo.