Las últimas lluvias fueron derritiendo la nieve de las alturas madrileñas, el manto no era muy compacto y decidimos volver al granito para retomar sensaciones y no olvidarnos de ese bello arte de la escalada en La Cabrera.
Como últimamente, ya no elegimos las vías con anterioridad, sino que vamos y en el propio coche vamos decidiendo que nos apetece, que nos dejan los buitres o cual va a ser el número de largos que escalaremos.
Por lo que en esta ocasión para retomar el contacto elegimos la CHOCOLATE y la SENDA.
La Chocolate es una gran clásica, muchos dicen la difícil de las fáciles pero lo cierto es que no es una vía para principiantes y todos los largos tienen algo.
APROXIMACIÓN: La temperatura es perfecta, fresquete y sol, por lo que son las condiciones ideales. Subimos al zócalo central donde se sitúan las vías desde la Doble O, hasta los Diedros de la Alaiz y del Loquillo, pasando por la Piloto y la Senda (vía que intentaremos después y que no habíamos hecho) o la Esteban Altieri.
Entre un mar de musgo y liquen sale a la izquierda un diedro muy marcado, ese es el lugar y mediante bavaresa te va dejando subir y proteger al gusto hasta algún descanso, posteriormente se estrecha y salen varias fisuras que te piden un poco más pero van apareciendo descansos.
Cuando llevas unos 30 metros aparece un último diedro vertical algo más peleón que también se protege bien y que te lleva a la parte final asomando por encima del espolón que llevabas durante un buen rato a la izquierda. Reunión equipada.

Él último largo va por la izquierda de la cueva, pero nosotros lo tomamos por la placa de la derecha.




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